La médica, especialista en sexología clínica, Ibeth Rocío Londoño advirtió en diálogo con 724 | Noticias que los juegos sexuales en la infancia han sido históricamente estigmatizados y castigados, una práctica que, según explicó, puede generar consecuencias emocionales y dificultades en la vida adulta si no se maneja adecuadamente.
De acuerdo con la especialista, muchos comportamientos exploratorios en la niñez forman parte del desarrollo natural y no deberían interpretarse automáticamente como conductas inapropiadas. “Los juegos sexuales en la infancia han sido castigados en la mayoría de los casos, lo que puede generar trauma y preocupación en ese niño en crecimiento”.
Señaló además que cuando los niños reciben castigos o reprimendas por explorar su cuerpo o manifestar curiosidad natural, se generan emociones negativas asociadas a la sexualidad. Según explicó, estas experiencias pueden reflejarse años después en la adultez. “En muchos casos, esa forma de castigo se traduce en temor frente a comportamientos eróticos, dificultades en las relaciones interpersonales o incluso disfunciones sexuales”.
La profesional insistió en que el problema no radica en la curiosidad infantil, sino en la forma en que los adultos reaccionan ante ella.
Enfatizó que padres, cuidadores y educadores tienen un papel fundamental en el acompañamiento del desarrollo sexual infantil, destacando la necesidad de formarse en educación sexual basada en evidencia científica. “Como cuidadores de niños y adolescentes, debemos educarnos en cómo acompañar positivamente la sexualidad de los pequeños, para comenzar a romper cadenas de desinformación que se han perpetuado durante años”, indicó.
Subrayó que la educación sexual no promueve conductas inapropiadas, sino que permite establecer límites claros y fortalecer el conocimiento del propio cuerpo. Otro de los puntos destacados por la sexóloga es la responsabilidad de los adultos que crecieron sin educación sexual adecuada. Según señaló, muchas generaciones han sido formadas bajo mitos o tabúes que aún influyen en la forma en que se abordan estos temas dentro del hogar. “Como adultos a quienes se nos omitió una educación positiva en sexualidad, es nuestra responsabilidad comenzar a romper esos mitos y empoderarnos del conocimiento desde fuentes científicas”, explicó.
Finalmente, la sexóloga clínica Ibet Rocío Londoño destacó que una educación sexual adecuada desde la infancia contribuye al desarrollo emocional y relacional en la vida adulta. “Un niño sexualmente educado será, con mayor probabilidad, un adulto sexualmente sano”, concluyó.
Reiteró la importancia de promover espacios de diálogo abiertos y seguros dentro de las familias y entornos educativos, con el objetivo de fortalecer la salud sexual y emocional desde las primeras etapas de la vida.



