Lo que hoy le está pasando al Distrito de Cartagena se parece demasiado a lo que le ocurre a una persona irresponsable que usa una tarjeta de crédito sin control: gasta, gasta y gasta, cree que diferir en cuotas lo salva… hasta que llega el día en que la deuda lo ahoga. Eso mismo le está pasando a Cartagena.
La ciudad está siendo llevada a un nivel de endeudamiento peligroso, mientras el alcalde Dumek Turbay continúa anunciando obras como si el dinero fuera infinito. Pero no lo es.
Muchos cartageneros se hacen la misma pregunta: ¿De dónde sale el dinero para tantas obras? Los ingresos corrientes del Distrito han sido:
- 2024: $2,5 billones
- 2025: $3,0 billones
- 2026 (proyectado): $3,5 billones
Con esos ingresos se pagan:
- Una abultada nómina distrital
- Contratos con periodistas e influencers al servicio de la imagen del alcalde
- Arriendos de vehículos
- Arriendos de oficinas y locales
- Contratos que muchos consideran cuotas políticas
- Entonces surge la verdad incómoda:
La plata no alcanza… pero la deuda sí crece.
Desde que inició su gobierno, Dumek Turbay ha llevado al Distrito a un endeudamiento histórico. En 2024, el Concejo Distrital —sin mayor resistencia— autorizó un crédito por: $1,5 billones de pesos. Hoy esa cifra ya presiona las finanzas del Distrito y lo seguirá haciendo durante más de 20 años.
A abril de 2026: Cartagena ya acumula créditos cercanos a $1,39 billones y además, existen operaciones con organismos multilaterales y nuevos préstamos siguen apareciendo. Cartagena no está pensando en endeudarse. Ya está endeudada y la endeudó su alcalde.
Como si no fuera suficiente, la administración también adquirió:
- 50 millones de dólares (cerca de $200.000 millones) con el Banco de Desarrollo de América Latina
- 43,7 millones de dólares adicionales con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
Según la administración, estos recursos financiarán:
- Malecón del Mar
- Proyectos estratégicos
- Obras de agua potable
- Saneamiento básico
- Drenaje urbano
Pero la pregunta sigue abierta: ¿Dónde están los resultados reales?
Aquí está el punto más delicado. El futuro hipotecado. Muchos de estos créditos tienen plazos de 14, 15 y hasta 20 años. Eso significa que: Las próximas administraciones pagarán la deuda que hoy se está adquiriendo. Los pagos más fuertes llegarán cuando esta administración ya no esté, es decir: el beneficio político es inmediato… pero el costo financiero será para el futuro. Se calcula que algunos compromisos se extenderán hasta el año 2041.
- Un concejo que guarda silencio | Otro tema preocupante: ¿Dónde está el control político? Sobre este endeudamiento: no ha habido suficiente debate, no existe claridad total en la información pública, los informes están fragmentados y la rendición de cuentas es dispersa.
En una ciudad como Cartagena —con antecedentes de corrupción, sobrecostos y obras inconclusas— esto no es un detalle menor. Es una alarma encendida.
Endeudarse no es malo… si se hace bien. Pero en Cartagena surge una pregunta inevitable: ¿Estas obras están resolviendo problemas estructurales… o maquillándolos? Porque la ciudad sigue padeciendo:
- Déficits históricos en drenaje pluvial
- Acceso desigual a servicios básicos
- Problemas de planificación urbana
- Crisis de seguridad
- Zonas vulnerables olvidadas
Si el endeudamiento no ataca estos problemas de raíz, el resultado será inevitable: Más deuda… y las mismas carencias.
Si este ritmo de endeudamiento continúa sin control, el desenlace es predecible:
- Una ciudad con grandes obras visibles… pero con unas finanzas debilitadas.
- Una ciudad con propaganda…pero con menos margen para invertir en el futuro.
- Una ciudad que, silenciosamente, se acerca a un escenario que nadie quiere pronunciar: La bancarrota financiera.



