La confianza, a la que deseo referirme, se podría definir como la creencia que se tiene en que otro actuará como lo ha prometido, explícita o implícitamente, o como esperamos que lo haga, así no lo haya prometido. Creencias, predicción, promesas, expectativas… no es un plato fácil de digerir.
Una definición profesional dice: «La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no control del otro y del tiempo (Laurence Cornu, La confianza en las relaciones pedagógicas).»
Cuando estudiaba en Espana, nuestro profesor de relaciones humanas Enrique Carreno, nos decía que la confianza era, para él, el mayor hito en el desarrollo de la humanidad en toda su historia. Argumentaba su afirmación diciendo que sin confianza nunca habría existido sociedad, pues no sería posible ningún tipo de relación humana, y por ende nuestra especie no habría podido construir nada de lo que hasta ahora ha logrado, ya que para cualquier desarrollo perdurable han sido siempre necesarias relaciones entre dos o más personas. Sin duda, la confianza es un elemento importante en las relaciones sociales.
Dada su importancia, que contrasta con la fragilidad de sus elementos (creencias, predicción, promesas y expectativas), intentamos obtener más elementos de juicio a la hora de depositar nuestra confianza en otro. En las relaciones comerciales o laborales, por ejemplo, solemos intentar informarnos sobre la confiabilidad del otro para reducir la incertidumbre con respecto a si cumplirá lo prometido.
Pedimos referencias y buscamos documentarnos con la mayor cantidad de información posible. Estudiamos concienzudamente los datos recabados antes de tomar una decisión. No obstante, al momento de decidir, podemos confiar en alguien que nos haya fallado o que no pueda garantizarnos su confiabilidad y de igual manera podemos desconfiar de alguien que nos la haya demostrado. Se podría decir que confiar o no, independientemente de la evidencia que tengamos acerca de la confiabilidad del otro, es una decisión personal.
Posiblemente otros factores, de pronto no tan conscientes, afectan nuestras decisiones a la hora de confiar o no. Eso significa que la confianza puede ser, desafortunadamente, manipulable. Lo anterior la convierte, a pesar de su radical importancia, en un elemento vulnerable de las relaciones sociales.
Durante mis experiencias laborales en Colombia tuve la oportunidad, no pocas veces, de participar en la construcción de contratos formales de diversas naturalezas relacionados con la salud. Contratos entre aseguradoras en salud y prestadores de servicios de salud, entre prestadores de servicios para formalizar alianzas, entre universidades y aseguradoras o prestadores de servicios para desarrollar proyectos investigativos, etc.
A través de los años vi como los textos de los contratos crecían vertiginosamente, añadiendo cada vez más cláusulas y anexos, cientos de páginas, numerosos y costosos mecanismos de control, cuyo propósito, en lugar de pretender mejorar la atención a las personas, es intentar vanamente reducir los múltiples fraudes que cometió cada parte durante las relaciones previas. Y digo vanamente porque a la final ninguna de esas medidas consigue eficazmente que el otro actúe como prometió hacerlo.
Intentar resarcir los perjuicios de esos fraudes por la vía jurídica es imposible, los procesos no avanzan por la ineficacia de nuestro sistema judicial y por que siempre sabemos como escabullirnos de nuestras responsabilidades. Hecha la ley, hecha la trampa. Además, por el bien del negocio y para poder firmar el siguiente contrato, aceptamos que el otro nos engañe. Validamos el engaño con nuestra aceptación y lo perpetuamos como si fuera inevitable. Relaciones basadas en la desconfianza.
Desafortunadamente lo mismo ocurre en la mayor parte de nuestras relaciones sociales en Colombia. Construir cualquier tipo de relación, incluso para comprar unos zapatos, hacer mercado y hasta caminar en la calle son un reto para nuestra capacidad de confiar en los demás. Nos cuesta creer en lo que nos prometen, pues sabemos de antemano que los beneficios que nos ofrecen han sido sobreestimados y los costos subestimados para convencernos de aceptar el trato.
Sabemos que nos mienten y lo aceptamos como algo irremediable. Ni hablar de las promesas de los políticos. Es como si nuestras relaciones se hubieran convertido en el arte de engañar, así a la final en el engaño no favorezca a nadie. Como si engañar al otro nos llenara de satisfacción, independientemente de si ello nos trae o no algún beneficio.
Una de las cosas que sin duda puede sorprender a cualquier latinoamericano en Alemania, es como funcionan acá las relaciones en general. Hace un par de semanas mi viejo auto necesitaba una mano mecánica. Llamé al taller a pedir la cita, sólo me preguntaron mi nombre y los síntomas de mi vehículo. Al acudir al taller me preguntaron también mi dirección y me dijeron que mi auto estaría listo en dos horas. Al término de las dos horas mi auto estaba listo. Me entregaron las llaves, me dieron las gracias por confiar en ellos y me informaron que enviarían la factura a mi dirección para que la pagara en el lapso de las siguientes dos semanas.
No me pidieron confirmar mi identidad ni mi dirección con ningún documento, ni pagar para que me devolvieran el auto, que quedó de lujo. Unos días después me llegó la factura, que con mi desconfianza colombiana, aprendida a base de engaños (los que hice y los que me hicieron), revisé detenidamente. No me cobraron ni una tuerca de más. Ese es sólo un ejemplo de como funcionan las relaciones acá. Relaciones basadas en la confianza.
Es inimaginable lo que nos podríamos ahorrar y lo que podríamos avanzar en Colombia si nuestras relaciones se basaran en la confianza. Por supuesto ello demanda que seamos confiables. Sin duda las relaciones basadas en la confianza tienen que ver con la eficiencia (menos controles) y con la eficacia (mejor enfoque en los propósitos) en cualquier relación contractual. Incluso en cualquier otro tipo de relación social. Hasta con la seguridad en las calles. Y por ende con el desarrollo de una comunidad. La confianza simplifica y mejora la efectividad de las relaciones sociales.
Tal vez para los colombianos haya llegado el momento inaplazable de empezar a hacernos confiables. No sobreestimemos lo que ofrecemos, no minimicemos los costos, cumplamos sin excusas y sin mañas con lo que prometimos! Sin duda ello mejorará todas nuestras relaciones sociales y nuestro bienestar y potencializará nuestras posibilidades de desarrollo.




