El país está descuadernado por muchas causas, la principal es que las gentes se sienten facultadas de manera aberrante para hacer lo deseado, sin importar si es legal o no. El mal ejemplo viene de alguna parte. Claro que son los gobernantes y políticos corruptos los propagadores del virus corruptela-20.
Estamos hastiados de tanto saqueo, tanta tasajeadera con el erario. ¿Merece Arturo Char, un senador cuestionado por sus reiteradas ausencias a las sesiones del capitolio, una persona sub júdice, denunciada por Aida Merlano en hacer parte activa del entramado de corrupción electoral de la cual ella misma participó años atrás para ganar curules al congreso, sea el rey Arturo, elegido próximo presidente congresional? Fuetera próxima, prepárense.
Ya estos adefesios, no le competen a cualquier oposición política, ni de izquierdas y derechas, es simple sentido común.
El sentido común es el nuevo contradictor político en Colombia, tocamos fondo hace rato, pero no reaccionamos, preferimos voltear los ojos, hacernos los locos, como si nada pasara y volvemos a cometer errores tras errores. Cualquier hambre vence.
Pues bien, el próximo presidente del Congreso de la República, debe tener más o menos decoro, sin investigaciones de ninguna índole, debe actuar imparcialmente para cumplir a cabalidad con las reglas de la ley 5 de 1992, con un posicionamiento político acorde a las circunstancias de pandemia que estamos mal viviendo, que no es cualquiera, porque los recursos públicos deben salvarse en grandes cantidades llegando donde tengan que llegar, evitando ser hurtados, debe ser un presidente del plenario que esté dispuesto a liderar un verdadero control político tanto al primer mandatario, como a los representantes de todas las entidades públicas obligadas a rendir explicaciones oportunas a los colombianos para no dilatar y exculpar de responsabilidades a aquel que es notorio su mal proceder como servidor estatal.
Es un hecho, no existe responsabilidad política de los servidores públicos, las investigaciones penales se inician y sancionan tarde, no hay reproche del superior con nombre propio, no se corrige, no se ponen en cintura a los arbitrarios, por eso cualquiera se siente con derecho de ser “el putas”, patear las leyes, seguir pa’ lante, sin que nadie los apriete por las vías disciplinarias, penales, fiscales, solo el cuestionamiento masivo en redes sociales, pero no es suficiente, observen como estamos, hablando aquí de pendejadas en este artículo, se forma el escándalo mediático y a la hora del té, no pasa nada, pura paja, sin escarmientos.
Ejército, ministerios, policía, gobernaciones, alcaldías, hospitales, EPS, organismos de control, sistema electoral, bancos, dirigentes políticos, empresas privadas, todo podrido, a propósito de las manzanas podridas.
¿Cuáles manzanas podridas? Lo que hay son una partida de sinvergüenzas ladrones del presupuesto nacional, picaros identificados pero la impotencia social es cumplida, nada que hacer, los gobernados son requetecastigados, por una casta política privilegiada, con el agravante que las nuevas generaciones, en su gran mayoría, aprendieron las mañas para continuar su depredación sistemática. Pocos servidores públicos representativos, se salvan.
Con la elección del nuevo presidente del congreso, sabremos cómo serán las onces, “un manjar de mierda o de uvas”. Lo lógico es que Char, espere y salga absuelto, después aspire, “pero que va, eso va”. Esa es nuestra desgracia democrática.



