Reitero mi defensa al pueblo indígena puro en lo que sea justo, lo cual como lo dije en mi columna anterior, no significa que comparto la minga en tiempos de Covid-19. Insisto es un crimen. Igual hago un llamado a la mesura de las partes.
Comencemos, el señor presidente Iván Duque, está dejando innecesariamente una puerta abierta y es para que entre el mal. El mundo en poco tiempo va a estar pendiente de los indígenas aglomerados en la Plaza de Bolívar, porque allí van a intentar permanecer. Entonces es donde hay que usar la cabeza y no la soberbia.
En Bogotá, atender, escuchar en audiencia a los indígenas y dejar instalada, desde la capital del país una mesa de escucha, en el Cauca, no es sinónimo de debilidad ni claudicación. Es ser inteligente. Igualmente, tampoco se equipara a que posteriormente, todo el mundo va a hacer «Minga» para hablar con el presidente. No señores.
No entiendo como el presidente Duque empuja tacita e inocentemente el populismo izquierdista, que incluso con lo sucedido en la elección presidencial de Bolivia, ganada por Evo Morales, a través de interpuesto, se siente hoy fortalecida.
No se quienes asesoran al presidente, pero sin exagerar, una mala decisión puede terminar- en cuanto a violencia- en una matanza al estilo de la plaza China Tiananmén; porque la legitimidad histórica de los indios y estudiantes como poblaciones insignes mundialmente, es innegable. Desconocerlo no evita la realidad.
Seguramente hay más de un desequilibrado ansioso de poder, que está que se frota las manos, a la espera de que eso suceda y no es una fantasía sino una posibilidad palpable.
Quienes calientan y envalentonan el oído del presidente Duque, apostando a no escuchar a la minga porque es bajo presión, se equivocan de aquí a la luna. Lo correcto, sagaz y pertinente es jugarle a un ganar- ganar. Lo demás es irracional.
El sentarse unas horas el presidente con la escucha de la minga, lo único que le puede pasar es fortalecerlo como institución democrática y presentarlo como un mandatario fuerte y sosegado. Casi sabio. Es más sencillo de lo que parece.
Si el presidente Duque, toma el sentarse o no sentarse como un pulso entre él y los indígenas y quienes están detrás de ellos, entra perdiendo y no descarto que salga perdiendo.
Ad portas de un paro nacional, que su amenaza es real, lo más ecuánime es » desarmar» la minga. Con reglas muy claras antes de escucharlos, es apenas lógico que es una forma de deslegitimarla, comenzando por el Covid-19, que se convierte en la mejor y veraz forma de presentar mundialmente la inconveniencia de esa convocatoria, pero el no escucharlos, terminará sentando en el banquillo de los responsables de la permanencia de la aglomeración al propio presidente, con las consecuencias de propagación de la pandemia, tema al cual existe una sensibilidad universal, amén de lo que aparte de pandemia pueda pasar.
El presidente Duque es humano y como tal susceptible de las afugias del poder, pero jamás subestimaré su inteligencia y en Dios y ella, coloco la fe que podrá ver y decidir tomar el camino más conveniente para Colombia. La responsabilidad va más allá de derecha e izquierda. Nadie dijo miedo, solo se trata de inteligencia, mesura.

Perfil del columnista: Médico y Cirujano. U de Cartagena, Gerente en Salud. U de Cartagena. Emergencias y Desastres. U del Valle. Ex director de Unidad Dasssalud Sucre. Ex director Nacional de Servicios Ambulatorios ISS. Ex asesor Supersalud, Ex asesor Secretaría de Salud de Bogotá, excandidato Gobernación de Sucre, Columnista y conferencista.



