Oscuros nubarrones se aprecian sobre el firmamento de la Administración Distrital de Cartagena de Indias, proyectando grandes sombras de incertidumbre sobre gran parte de la ciudadanía, que día a día aprecia cómo se va desvaneciendo el optimismo que inundó el pensamiento de muchos cartageneros, cuando fueron derrotadas las prácticas clientelares reinantes, generando un hecho histórico que se materializó con la llegada al Palacio de la Aduana de William Jorge Dau Chamat.
Estamos a pocos días de cumplirse el primer aniversario de haber sido electo Dau Chamat; desde ese momento se entendía que el mandatario comenzaría un ejercicio planificado para asumir las riendas de la Administración.
Era previsible que desde la posesión lloverían rayos desde las trincheras de quienes se consideraban seguros ganadores en la justa electoral y a la postre terminaron derrotados; igualmente centellas de no pocos funcionarios camuflados en la Administración cuyas vinculaciones de antaño, los amarran con sus patrocinadores o apadrinadores por quienes consideran deben aún más respeto y obediencia que al nuevo Alcalde y su equipo de colaboradores; no se escapa en toda esa tormenta uno que otro nuevo funcionario escogido sin identidad plena con el estilo y proyección de la Administración. Amén de otros actores estratégicos que por lo general se acomodan y hacen oídos sordos mientras no se metan o toquen sus intereses particulares, con cuya actitud de tiempo atrás han contribuido al deterioro de la ciudad y pérdida de calidad de vida en el territorio.
Bajo ese cielo, la ciudad es una barca navegando en una tormenta, donde no se avizora cual es el puerto de destino y consecuencialmente mucho menos la ruta para llegar a él.
Ante ese panorama cabe preguntarnos ¿dónde está el Capitán y los más allegados de la tripulación para llevar tranquilidad a la ciudadanía que espera expectante que la nave no naufrague, hundiéndose con ella muchas ilusiones y expectativas de comenzar a tener una Administración asertiva, apartando a malandrines de diferentes pelambres, generando una nueva forma relacional entre gobernante y ciudadanía, donde se imponga el bien general sobre intereses particulares?
Desafortunadamente y duele señalarlo, estamos lejos de lograr que la ciudad se pueda enrutar para recuperar la jerarquía que tuvo en antaño y donde se aprecie que existen unos propósitos de ciudad claros, consensuados, que se puedan comenzar a cumplir en los tres años de gobierno faltante, con una proyección planificada a más largo plazo.
Bien vale la pena señalar algunas características que muestran la impronta del señor Alcalde, por una parte, han sido constantes las generalizaciones, así como los señalamientos y acusaciones en ocasiones sin soportes serios, lo cual ha obligado constantemente a retractaciones, lo cual no es apropiado, ya que con cada rectificación o reculada pierde credibilidad, al jugar con la honra y buen nombre de los señalados. Estas actuaciones repetitivas inducen a pensar que se trata de una estrategia para distraer la atención y ocultar las falencias que implican conducir una barca llamada Cartagena de Indias, donde expectantes miles de cartageneros siguen pensando en hacer realidad una ilusión de lograr una Administración coherente que siga siendo implacable con la corrupción en sus diferentes manifestaciones pero que a la vez comience a mostrar soluciones a los múltiples problemas que hoy agobian a gran parte de la población.
Señor Alcalde, miembros del equipo de gobierno, es hora de analizar y rectificar, para decidir la ruta que debe tomar la barca, el grito de S.O.S, se escucha en muchos rincones de la ciudad; ustedes deben ser conscientes de la gran responsabilidad que tienen para no frustrar lo que se vislumbraba como un proceso de seguidas administraciones exitosas. En sus actuaciones, con la ciudadanía de la mano, está evitar que piratas y saqueadores de diferentes pelambres que hoy navegan y se zambullen como tiburones a ver el momento del naufragio y con ello recuperar el botín que significa volver a tomar las riendas de la ciudad, importándoles en el fondo muy poco el bienestar en el territorio.
Por otra parte, las últimas denuncias del señor Alcalde, donde desnuda una serie de hechos extremadamente graves y cuestionable al interior de la Contraloría Distrital, nos pone a pensar seriamente en el papel de los organismos de control, siendo pertinente dar buen ejemplo en el manejo de la entidad, para ganarse el respeto de la ciudadanía y de los funcionarios sobre los cuales ejerce control. Es de buen recibo que se actúe con rigor, pero sin sesgos, ni revancha, dejando un tufillo de no estar interviniendo objetivamente en defensa de los bienes de la ciudad, sino obedeciendo a intereses personales o de quienes tuvieron gran injerencia en la designación.
Hoy más que nunca es pertinente además de seguir desenmascarando y haciendo señalamientos sobre actos de corrupción, que la Administración tome foco en acciones que propendan por un desarrollo económico y social sostenible, enfocándose en la generación de ingresos para lo cual de manera inmediata deberían dinamizarse estrategias con un plan de choque orientado al desarrollo de obras públicas orientado en mejoras de instituciones educativas, mejoría vial, de canales y lagunas y un plan de arborización y paisajismo que irrigue capital hacia mano de obra no calificada y semicalificada,
Por otra parte, en una visión de desarrollo integral cuando se han dado acercamientos entre los alcaldes de Cartagena y Turbaco, seria menester convocar los diferentes alcaldes de municipios involucrados, congresistas y otros actores estratégicos, con el objetivo de pensar e impulsar la creación de una Zona Especial Económica de Exportación Agroindustrial, donde se integraría el Distrito de Cartagena y los municipios colindantes: Turbaco, Turbana, Santa Rosa de Lima y Clemencia, con lo cual se lograría un atraer inversionistas nacionales y extranjeros, generación de empleo formal, disminución de migrantes a la capital y generación de divisas para el país entre otros beneficios.
Perfil del columnista: Ingeniero industrial, docente universitario, asesor y consultor empresarial en temas laborales, desarrollo organizacional, negociación y solución de conflictos, columnista y comentarista de opinión.




