La designación de Amy Coney Barrett como magistrada de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos es un logro ejemplar para los demás tribunales de justicia en Occidente. Representa un avance progresivo en la recuperación del discernimiento que deben tener los jueces para resolver conflictos y problemas que se vienen presentado en una sociedad cada vez más ideologizada.
Formada con principios cristiano-católicos, inteligente, preparada, patriota, con una trayectoria profesional intachable, nacida y criada en el seno de una familia tradicional americana, esposa ejemplar y madre de siete hijos, además de ser una mujer bella, la magistrada Barrett superó los obstáculos más grandes que ha tenido que afrontar un aspirante a juez del máximo tribunal de los Estados Unidos. No era para menos, ella representa el espíritu norteamericano y personifica aquello que el globalismo pretende anular.
El camino de la magistrada Barrett hacia la Corte fue difícil. Tuvo que soportar diversos ataques. El establishment americano, compuesto por los artistas, los medios de comunicación, la clase política tradicional y los banqueros, enfocó sus esfuerzos en generar un escenario imaginario con el fin de crear en la mente del público una figura peligrosa para la sociedad occidental y provocar el rechazo social. Incluso, varios medios de comunicación, al quedarse sin argumentos para desvirtuar sus capacidades profesionales y sus virtudes humanas, empezaron a criticarla por ser madre de siete hijos, hasta llegar a decir que era racista por haber adoptado a un niño negro y a otro niño que padece síndrome de Down.
Con este nombramiento, que se produjo el mismo día del cumpleaños de Hillary Clinton, el Gobierno Trump vuelve a propiciar un fuerte golpe al establishment y al globalismo.
Recordemos que el pasado 29 de junio, la Suprema Corte de los Estados Unidos resolvió el caso Agency for International Development vs Alliance for Open Society International, donde decidió quitar la financiación pública a la organización Open Society Foundations, del magnate George Soros, quien, además, es uno de los principales financiadores del Partido Demócrata. Entre sus consideraciones, la Corte adujo que esa ONG tenía montada una estructura que conformaba una red de varias fundaciones en USA, a través de las cuales, se canalizaban los recursos del Estado americano hacia el exterior.
Adicionalmente, con la designación de Barrett, el Gobierno Trump logra completar tres magistrados en el máximo tribunal, donde, de los otros seis, tres fueron designados por la familia Bush, dos por Barack Obama y uno por Bill Clinton. Algunos medios de comunicación han reaccionado, entre ellos, el Washington Post, que en su editorial de hace dos días arremetió contra el presidente, a través del uso de expresiones que se ajustan al Gobierno venezolano, cubano o norcoreano. En este mismo sentido, Joe Biden, en representación de los demócratas, manifestó que de llegar a ganar las próximas elecciones, promoverá una reforma estructural a la Suprema Corte de Justicia, para que los magistrados sean removidos cada cierto tiempo, sin importar que sea una institución que tiene más de dos siglos y que ha sido un referente de la independencia judicial y del derecho comparado.
Finalmente, y más allá de lo anterior, debe reconocerse que Amy Coney Barrett es un ejemplo para las mujeres en todo el Mundo. Ella ha demostrado que se puede tener una familia, con una relación conyugal estable, que se puede ser madre de cinco hijos naturales y dos adoptados, que se puede conservar la belleza y que, al mismo tiempo, se puede llegar a lo más alto de la vida profesional.




