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“Cuando somos jóvenes, inventamos diversos futuros para nosotros; cuando envejecemos, inventamos diversos pasados para los demás. JULIAN BARNES / El Sentido de un final
La frase de apertura del texto que nos convoca hoy, está tomada literalmente, de uno de los libros que me ha llegado al corazón en este tiempo de profundas reflexiones, se trata de, Cipriano, de la periodista y autora de ficción, Marta Orrantia, quien fundó y dirigió la revista Rolling Stone en su versión andina y Panamá. Autora además del libro periodístico Todopoderosos de Colombia y de Mañana no te presentes. Cipriano es su tercera y recomendada novela.
Los años, la vejez, su dignidad y sobretodo la sabiduría que esta plantea, deberían convertirse en el oráculo de nuestra formación para el liderazgo, como no todo es blanco y negro, no quiere decir que no escuchemos las propuestas de los jóvenes, pero si nos pegamos del estoicismo de nuestros mayores podríamos seguro esquivar más de un rasguño en la vida.
Las estadísticas del DANE en Colombia en 2018 daban cuenta de que en la torta poblacional las personas entre 15 y 59 años ocupaban el 63%, hoy aquellos de 59 engrosan la lista de los de más de 60, este tipo de datos apuntan a que vamos como país a la madurez, y no debemos descuidar a nuestros mayores, y menos pensar en hacerlos sentir útiles, me parece cruel tratar de hacer sentir útil a alguien. Deberíamos por el contrario, aprovechar sus experiencias para tratar de esquivar a través de ellas errores del pasado.
Es hora de fortalecer nuestros sistemas de salud, la calidad y espacios para el disfrute de los mayores, nos estamos acercando a la época en la que los parques gozarán de abundante brillo de cabellos de plata, y ya no de gran cantidad de niños inquietos explorando el mundo. ¿Qué estamos haciendo para garantizar dignidad a los años? No podemos esperar sentados a que el Estado resuelva, sin embargo es en este tipo de escenarios que deberían estar concentrados nuestros dirigentes.
La concentración de la polarización en Colombia, y el mundo, es desmesurada; pareciera que estamos entrando en modo automático a entregarnos por ideales de unos u otros, y de paso reivindicando ese lenguaje arcaico de luchas que nos tiene anclados en rencillas desde tiempos memorables. Si nos venimos al aquí y al ahora, seguramente cimentaremos un futuro equilibrado. Es hora de que vayamos asumiendo nuestro rol como Sociedad Civil. Hora de ir recordando que lo público es de todos. Hora de emplear energía y creatividad para plantear nuestros posibles escenarios de futuro y evitar llegar allá desvalidos.
Basta de ir a las urnas a votar por el menos peor, es hora de ir a las urnas con los objetivos claros y con las propuestas de gobierno leídas, y elegir no por simpatía sino por planes que nos pongan en la ruta correcta. De lo contrario, sería mejor elegir un gran consejo de Sabios que nombre líderes por cualidades y atributos, y deshacernos de una vez por todas de las batallas campales de políticos obtusos que no nos dejan avanzar, y en medio de la confusión, hacen de las suyas.
Es hora de servir a quien tenemos que servir, a nuestra sociedad, cosa que militando es imposible. La veeduría ciudadana debe mirar hacia el bien común y no hacia fanaticadas, ya la historia nos ha demostrado que ese no el camino. Tenemos la llave, es escuchar a nuestros ancianos, apropiarnos de su estoicismo y sabiduría para que algún día lleguemos a buen puerto.




