Tras los fuertes vientos generados por el paso del huracán ETA, uno de los peores que ha sufrido en los últimos años la Isla de San Andrés, llegó la calma y comenzó la evaluación de los daños.
Los vientos alcanzaron una velocidad de 75 kilómetros por hora y generaron la caída de centenares de árboles, el colapso de decenas de viviendas y un fuerte incremento en la marea, lo que originó inundaciones y el rompimiento de un tramo del emisario submarino que terminó colapsando el sistema sanitario.
Las pérdidas materiales podrían alcanzar los tres mil millones de pesos sin incluir electrodomésticos y enseres que perdieron muchos isleños. Las cifras dan cuenta de 45 viviendas afectadas, 53 familias damnificadas y ocho locales comerciales destruidos.
El gobernador (e) de San Andrés Alen Jay Stephens, y la Unidad de Gestión del Riesgo (UNGRD) declararon la calamidad pública en el departamento para la recuperación de la infraestructura y brindar ayuda a la comunidad mediante un plan de acción trazado por el Gobierno Nacional.
El devastador coletazo del ETA rompió un tramo del emisario submarino un tubo de 430 metros que recoge el contenido de los pozos sépticos del territorio y los transporta a una zona segura en el mar, donde se liberan sin causar impactos en el ecosistema marino y como consecuencia las aguas negras se están filtrando en la playa cercana del sector Morris Landing, al noroeste de la isla colombiana lo que podría desencadenar enfermedades infectocontagiosas. San Andrés está en crisis.



