- “Si quieres cambiar tu vida y posiblemente al mundo… ¡empieza por tender tu cama!”
- “Si quieres cambiar al mundo… encuentra a alguien que te ayude a remar”
- “Si quieres cambiar al mundo… mide a las personas según el tamaño de su corazón”
Tres frases poderosas que envuelven de manera magistral gran sabiduría, son de William Harry McRaven, Comandante del Mando Conjunto de Operaciones Especiales, y condecorado con la Medalla por Servicio Distinguido de Defensa de los Estados Unidos.
Son solo tres de las diez grandes lecciones de vida que compartió en el discurso que profirió durante la ceremonia de graduación de los egresados de la Universidad de Texas en 2014, y desde las cuales valdría la pena darle una mirada a nuestro panorama personal, ante el caótico planeta que estamos enfrentando hoy, gracias a que sus realidades superan a la ficción.
La primera de estas reflexiones es quizá para muchos una nimiedad, pero encierra un gran sentido de responsabilidad frente a nosotros mismos y hacia nuestro entorno más cercano; tal y como McRaven lo describe en su libro: “Tiende tu cama y otros pequeños hábitos que cambiarán tu vida y el mundo”. Esta se convertirá en la primera tarea del día que sentiremos cumplida, es la tarea qué al llegar a casa, luego de un día complicado, nos dará la sensación de que algo al menos, está en orden en nuestra vida.
En mi caso, tender la cama era y es como un mantra, pero fue hasta encontrarme y leer este precioso libro que entendí porque era tan significativa esa tarea, que para muchos se convierte en un tormento, sin embargo, al crear el hábito, suele incluso convertirse en un momento propicio para recibir ideas inspiradoras.
La segunda reflexión conlleva una carga mucho más poderosa que cualquier ciclón, cuando encontramos quien nos ayude a remar, la vida y los proyectos fluyen de manera impresionante. Clave eso sí, encontrar personas que no se tomen las cosas de manera personal, gente que entienda lo que significa el compromiso, que sepa dejar el ego de lado y que se concentre en esa tarea con la que soñamos, para que un día no muy lejano pueda cambiar al mundo. Partiendo de lo local, de lo propio, de nuestro núcleo y dándonos la mano, es el camino más sensato hacía una verdadera transformación social, nos da significado. Lo otro no dura y peor aún, carece de valor y envanece. Tal como el adagio, lo que no cuesta… hagámoslo fiesta.
El tercero de los planteamientos de McRaven, es quizá el material del Universo más complejo de encontrar, porque una cosa es descubrir personas de gran corazón, y otra, encontrar lobos vestidos de ovejas, que aquí entre nos, abundan. Es en este punto, y luego de andar y andar que vamos entendiendo que somos nosotros los que tenemos que convertirnos en personas de corazones gigantes, que aprendan a sentir el dolor del otro, la alegría del otro; adquirir la habilidad de pasar por alto las ofensas, y descubrir que en el servir está la mayor de las alegrías, como lo diría otrora la sabia, Teresa de Calcuta. Si convertimos y entrenamos nuestro corazón hacía la grandeza, seguro el día menos pensado será tan grande, qué con él, podremos cambiar al mundo.




