“¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Isaías 5, 20).
Esta advertencia de Dios, hecha por medio del profeta, es sin lugar a dudas una advertencia para nuestros tiempos. Estamos viviendo tiempos difíciles, raros, sin sentido común, el mundo está al revés que ni siquiera la pandemia ha podido cambiar, antes, por el contrario. Como dice la palabra de Dios, a lo malo llaman bueno y a lo bueno malo, indudablemente hay una batalla entre la luz y las tinieblas. ¿Y qué estamos haciendo los creyentes para arreglarlo?
Todo lo que está a la orden del día es lo condenado por Dios: el aborto, la eutanasia, la laicidad de los estados, los matrimonios de hecho, la violencia como medio de justificar determinados fines u objetivos, las injusticias, la corrupción, la impiedad, la intolerancia, la xenofobia, las ideologías anárquicas etc.
La humanidad se excusa detrás de un talón de modernismo barato, de un neoliberalismo sin control, de una creatividad ridícula y libertad que no es otra cosa que libertinaje.
Vanidad, abusos, egoísmo, necedad que nubla el entendimiento, cierran y entenebrecen el corazón, y trastornan la razón. Actos y decisiones irracionales se transforman en actos y decisiones racionales aplaudidas por la sociedad.
Se ha cambiado la verdad de Dios por mentiras absurdas, que el hombre ha inventado para justificar su pecado (Rom.1:18-32). Hechos vergonzosos, pasiones desordenadas, y actos contra la naturaleza divina. Nos indignamos al ver y oír como la maldad se ha multiplicado. Pero permanecemos indiferentes y apoyamos muchas veces esas nuevas modas ideológicas que a mediano y largo plazo, se encargarán de destruir la humanidad. “El mundo va de mal en peor”, decía mi papá hace más de veinte años.
Es una realidad. Verdaderamente el mundo está al revés, y ¿quién lo va a arreglar? Nuestro mundo ha entrado en una confusión total, con el afán de impulsar las igualdades y promover los derechos individuales, se están promoviendo y firmando leyes que van terminar con lo que queda de una sociedad con valores y moralidad.
Con el afán de unir, se está fragmentando más. Y es verdad que cada uno debe hacer con su libertad lo que mejor le parece, pero a eso debe añadirle las fronteras del respeto y no pasarse de ellas, sin embargo, por encima de toda esa libertad humana, hay un Dios Soberano, que creó todo y hace separación entre lo bueno y lo malo, y eso no lo convierte en un Dios discriminador, sino en un padre protector y cuidadoso, que viene a poner fin a las malas decisiones humanas y a restaurar las cosas quebradas.
Dios nos dice claramente: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” Dios tiene que intervenir en la historia de este mundo, porque parece que ya no hay límites de nada, cada persona es llamada a hacer lo que mejor le parezca, lo malo ya es bueno y lo bueno es malo y hasta objeto de burla.
Hoy los hombres y mujeres de buena voluntad, quienes aún creemos en los valores que son la raíz de una humanidad justa y reconciliada, convertida y respetuosas de los valores del Evangelio que garanticen una sana convivencia en su diversidad, estamos llamados a luchar para que la sociedad despierta del abismo al cual está cayendo.




