En las últimas semanas, varios medios de comunicación han documentado a grupos de campesinos de Boyacá que han tenido que salir a la carretera entre Tunja y Bogotá a vender bultos de papa por un valor menor al costo de producción.
Dicen los campesinos que en un mes el precio del bulto de papa pasó de $50.000 a $7.000 pesos colombianos. Esta caída del precio se debe a que Colombia importa papa de Bélgica, Holanda y Alemania, a pesar de que nuestros campesinos producen más de 2.700.000 toneladas de papa al año. Para los campesinos nacionales es imposible competir con los productores internacionales, quienes reciben capacitación, asistencia técnica y subsidios de sus gobiernos.
Según Rodolfo Zea Navarro, el actual Ministro de Agricultura, el problema está en la demanda. Los productores de papa «han visto disminuidas las ventas de sus cosechas por la caída de la demanda que normalmente tenían hoteles, restaurantes, colegios y otra serie de compradores». Sin embargo, durante los primeros tres meses del 2020 las importaciones de papa en Colombia se incrementaron en un 21% frente al año anterior.
A pesar de la pandemia, se estima que a finales del 2020 Colombia habrá importado 65.000 toneladas de papa, frente a las 58.000 toneladas que importó en el 2019. Por cada kilo de papa que Colombia importa, se dejan de vender 2.5 kilos de papa nacional. Estas importaciones son innecesarias, pues Colombia tiene la capacidad de producir ese papa, y la produce.
Desde el 2017, los productores de papa en Colombia vienen denunciado prácticas de comercio desleal o dumping por parte de los productores de Bélgica, Holanda y Alemania, quienes ofrecen la papa por debajo de su costo de producción con la intención de eliminar la competencia. La solución que propusó hoy el Ministerio de Agricultura consiste en recoger donaciones de ciudadanos y empresas privadas, que se utilizarían para comprarle la papa a los productores y donarla, a través del Banco de Alimentos, a familias necesitadas. Una solución privada (yo dono, tú donas) a un problema público (el gobierno creó políticas públicas para empujar a un sector entero, los productores internacionales de papa, en nuestro propio mercado).
Esta pesadilla comenzó en los años 90. El neoliberalismo trajo consigo la eliminación de subsidios estatales, el fortalecimiento del libre mercado y la comercialización de la comida como una mercancía. Con la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, los alimentos comenzaron a estar sujetos a la especulación financiera. Esta dinámica económica aniquiló el modo de subsistencia de muchos campesinos, al inundar el mercado con productos agrícolas muy por debajo de los costos de producción. Además, generó desnutrición, vulnerabilidad y dependencia alimentaria en los países menos desarrollados, entre los que, sobra decirlo, se cuenta Colombia.
Como respuesta a este nuevo panorama económico, el concepto de soberanía alimentaria ha tomado relevancia como alternativa para la supervivencia de la agricultura en los países del sur.
La soberanía alimentaria es el derecho que tienen todos los países de producir los alimentos básicos para el consumo de su propia población. Esto incluye el derecho a protegerse de las importaciones agrícolas demasiado baratas, gravándolas con impuestos para favorecer una producción campesina sostenible, y controlando la oferta en el mercado interno para evitar excedentes.
Las políticas neoliberales destruyen la soberanía alimentaria. El dumping no solo ocurre en el mercado de la papa. Es una práctica política impulsada por Estados Unidos y la Unión Europea, a través de la Organización Mundial del Comercio: la leche europea en la India, el cerdo norteamericano en el Caribe, los cereales de la Unión Europea en África, la papa y el plátano en Colombia.
Este desequilibrio en la producción de papa evidencia que en Colombia la soberanía alimentaria está en riesgo. Actualmente, Colombia importa el 30% de los alimentos que consume, una cifra que ha incrementado exponencialmente en los últimos años. No hay soberanía alimentaria sin comercio internacional justo.
Un país sin soberanía alimentaria es un país fácilmente bloqueable. En el 2003, el agricultor y activista coreano Lee Kyung Hae se suicidó en la Reunión Ministerial de la OMC en Cancún, llevando un cartel que decía: “La OMC asesina a campesinos”.
Ministro: no espere a que nuestros productores de papa se suiciden con un cartel similar. Es hora de cambiar el discurso.




