Una estrategia para jalonar la reactivación económica, consiste en atender y sostener a las pequeñas y medianas empresas, ante la crisis que se presenta desde la declaratoria de la emergencia sanitaria provocada por la pandemia del COVID–19. Lo anterior, resulta una conclusión acertada de diferentes sectores frente a la situación actual nacional.
Sin embargo, la historia también revela algunas medidas que contribuyen con este propósito, entre las cuales se encuentran medidas del orden macroeconómico, a través de la formulación o redefinición de políticas públicas. Y es en este punto que resulta conveniente mencionar que el panorama nacional por el cual estamos atravesando – partiendo de la nueva realidad social y económica – nunca antes había sido registrado; toda vez, que aunque un escenario similar al actual, se registró en la recesión económica de 1998, que provocó, no solo una fuerte desaceleración del Producto Interno Bruto colombiano (-4,2% en 1999) y el consecuente aumento en la tasa de desempleo (20,06% en 1999); las principales causas de dicha recesión estuvieron relacionadas con la crisis bancaria y el colapso del régimen de banda cambiaria aplicado en aquel entonces; y no por una crisis sanitaria o biológica, como la provocada hoy en día, por el COVID – 19.
De esta manera, resulta conveniente resaltar que, bajo el escenario actual, los afectados no han sido los bancos precisamente y por lo tanto, los instrumentos de reactivación económica a sugerir e implementar deben ser diferentes a los comúnmente aplicados, dado que las implicaciones de una recesión económica por causa del colapso financiero, no son equivalentes a las implicaciones de una recesión económica por causa de una crisis sanitaria. Así las cosas, la aplicación de las diferentes estrategias para reactivar la economía bajo el panorama actual deben ser producto de un análisis integral y detallado de las principales necesidades y con planteamientos diferenciales de cada sector; dado que no es lo mismo atender las necesidades del sector agricultura a las del sector comercial; toda vez que sus requerimientos podrían variar desde la necesidad de incentivos para la adquisición de insumos agrícolas, frente a la necesidad de incentivos para el acceso a crédito formal.
En este sentido, también resulta necesario ajustar la estructura de los ingresos corrientes de la Nación, debido a que estos dependen todavía del sector petrolero. Además, de definir la conformación de un Consejo Fiscal que dependa del poder legislativo, pero que cuente con la participación de los gobiernos locales y del sector privado; dicha conformación, con el fin de definir una política contra-cíclica eficiente en términos económicos, de largo plazo y direccionada a las necesidades de cada sector; la cual cuente con un seguimiento permanente. De manera que, podamos ahorrar en las épocas de bonanzas y gastar en épocas de dificultad; sin abandonar la inversión social y en infraestructura que tanto necesitan nuestros territorios. Lo anterior, debe ser analizado con independencia ideológica y sin sectarismo político, con el fin de evitar que la realidad se distorsione con opiniones politizadas, que provocan mayores ineficiencias a la hora de construir la reactivación económica que tanto necesitamos.




