En muchas ocasiones buscamos respuestas en el afuera, en el pronóstico del tiempo, en la opinión de alguien que consideramos confiable, en la predicción del mentalista o adivino más acertado, en la persona que amamos, en los amigos, colegas, en un lugar fuera de nosotros mismos. Anhelamos desesperadamente poder saber lo que vendrá cuando realmente la verdadera respuesta se encuentra dentro de ti.
Un mayor rendimiento en la vida no es un don misterioso al que acceden algunos afortunados. Se logra mediante una autoescucha y una metodología en el arte de vivir la vida bien entendida e implementada, y donde la propia persona debe ser comprendida y aceptada desde sus reglas del juego, no clasificada en un estándar sociocultural de lo que debe ser la felicidad, el éxito, el amor entre otros; sino que se descubre, ese es su potencial. Para ello, todos somos capaces de funcionar a un nivel más elevado. Y lo somos, si creemos en nosotros mismos lo suficiente, para que nuestra propia experiencia interior nos enseñe como hacerlo.
En nuestra vida conducimos una nave de gran potencia, que puede alcanzar la velocidad de la luz, pero la llevamos a solo diez kilómetros por hora. Además, todas las respuestas que buscamos se encuentran en nuestro interior, si solo sabemos cómo y dónde buscarlas. Hay que escucharlas y establecer una larga, intima, y autentica relación con uno mismo.
Para muchos, el drama de su consciencia reside en que se descubren incapaces de sí mismos, insensibles e infieles a su auténtica naturaleza, a lo que hay de puro y verdadero dentro de ellos mismos. Ser capaces de reconocernos y ver hacia adentro es la clave. ¿Te imaginas preguntándole a tu pareja como se siente respirar, sentir, hacer o creer por ti?… ¿todas esas respuestas dónde están? Queremos que otros nos digan lo que esperamos escuchar, cuando es imposible que nos lean la mente; y lo más triste es que sacrificamos nuestro sentir real, para responder a lo que está afuera (el deseo de otro).
Cuando silenciamos las voces externas y aprendemos a escuchar nuestro ser, surge una experiencia liberadora de las expectativas sociales y de todo los que este contexto nos dicta. Eso ha sido uno de los grandes regalos de esta pandemia, nos ha proporcionado unos escenarios en donde reencontrarnos ha sido protagonista. Nos devolvió la posibilidad de volver a lo esencial, de cuestionar lo verdaderamente importante. Estar en casa, es una manera simbólica del universo decirnos que necesitamos volver al ser. Como nos dijo Jung “Quién mira hacia fuera sueña y quién mira hacia dentro, despierta.”
Es tiempo de despertar a la consciencia de vivir una vida con bienestar emocional real, cercano a lo que somos y distante de lo que espera lo social, entendiendo que el respeto al cuidado de nosotros es un acto tan trascendental que afecta todo lo nos rodea. Qué tal si nos infectamos de amor propio, y viralicemos el AMOR, como una forma de restaurar la experiencia de vivir libres y amándonos, que esta sea nuestra nueva normalidad.



