Esta semana fue tema en los medios el «inminente» lanzamiento de la campaña presidencial del exitoso ex alcalde de Barranquilla Alejandro Char, bajo la sombrilla del partido Cambio Radical, algo que desde su salida del cargo por segunda vez, hace un año largo, se ha dado por seguro. Sin embargo, pasaron pocas horas para que se desinflara la información.
Char, aparentemente todavía «está pensándolo» y dicen que seguirá así casi todo este año, dedicado más a sus actividades empresariales y relacionadas con la ciudad; sus visitas relativamente discretas a diferentes lugares del país, pero sobre todo de la Costa, para dar charlas y asesorías, y con la construcción en recintos privados de alianzas políticas para el futuro.
También, seguramente, seguirá atendiendo lo que un periodista radial llamó «chicharrones» ante la justicia y los organismos de control, algo que no le falta a ningún ex gobernante y político, pero que en su caso puede tener fuerte impacto si las cosas salen mal. Entre esos chicharrones están el lío con Aida Merlano y los cuestionamientos al manejo público-privado de varios megacontratos con plata de Barranquilla y el Atlántico.
Hay gente allegada a él que asegura, incluso, que es posible que Char no se lance en las próximas elecciones presidenciales y prefiera repetir alcaldía en el 2024, lo que sería un triunfo fácil y un cargo más cómodo para él y los intereses económicos de su familia.
Lo cierto, en todo caso, es que mientras el ex alcalde -hoy por hoy el único costeño presidenciable- sigue deshojando la margarita, se le está haciendo tarde para construir una imagen nacional si tiene la mira puesta en el 2022.
Char, viene desde hace rato bien en las encuestas, pero a mucha gente en Tunja, Ibagué o Pasto su nombre aún no le dice nada porque no está en los medios hablando de los problemas del país y de sus soluciones. No puede ser que la declaración suya con más eco en el último tiempo haya sido que Junior conservaría a su goleador un campeonato más.
Potenciales rivales como Sergio Fajardo y Federico Gutiérrez, también de origen lejano a la capital, mal que bien lo entendieron y salieron del escenario local para proyectar sus carreras políticas en los medios de Bogotá y otras regiones, y en las redes.
En Barranquilla, alguien con buena billetera y socios dóciles puede ser alcalde sin decir ni pío. Pero el país es otra cosa. Sobre todo en estos tiempos, donde menos gente traga entero y pesa más el voto de opinión. No basta con hacer alianzas y pagar campañas pregrabadas. Hay que decir de viva voz quién soy, donde me sitúo, qué pienso, qué propongo y a qué me comprometo.
Si Char cree que puede hacer de Colombia una especie de burbuja como es su ciudad, corre el riesgo de quedar «molido a patadas», como dicen los futbolistas, por más que tenga a su alrededor protectores por afecto o conveniencia.
¿Qué puede ser ungido como candidato presidencial de Cambio Radical mañana por encima de Germán Vargas Lleras? Sin duda. Con lo que valen los partidos políticos hoy en Colombia, lo consigue ya. ¿Qué puede ser candidato a vicepresidente o ser el hombre fuerte de la campaña de otro candidato con los votos que puede poner en la Costa? Sí, lo puede ser. Este país aguanta esas cosas. Sin embargo, no podrá ser presidente en el 2022 solo con los votos de la Costa y una chequera. Para jugársela en la tribuna nacional, también -y sobre todo- se necesita tener una voz propia. Y la de Alejandro Char no la hemos oído.
Email: juaber.et@hotmail.com




