La muerte de los 5 jóvenes en Buga me tocó como pocas lo han hecho. Las extorsiones y las amenazas fueron parte de mi vida como hijo de pequeños empresarios. Además, me imaginé mi antigua casa al leer sobre la finca donde los jóvenes fueron masacrados. Me enojé sin saber el egoísmo de mi rabia.
De acuerdo con las cifras más recientes de Medicina Legal, en promedio en el país son asesinados dos menores de edad por día. Pero como en muchos casos es el asesinato del campesino, del pobre, del ‘otro’, mi reacción es moderada y pasajera.
En Colombia vivimos todos juntos, a pesar de que queramos pensar que nuestras burbujas sociales funcionan de manera independiente. No permitamos normalizar la tragedia ajena. La tragedia ajena es nuestra tragedia. Porque donde la tragedia es la norma, la violencia que pincha nuestras burbujas encuentra su madriguera.
La muerte del ministro de defensa se tornó en un chiste. ¿Por qué? Porque no hay empatía entre clases. Por un lado, Duque tuvo que esperar a la muerte de Carlos Holmes para decretar un luto nacional por los más de 50.000 muertos Colombianos de Covid-19. Por el otro, llueven las burlas por un error gramatical de aquel que acaba de perder a un ser querido.
Cuando llegue el momento de elegir a nuestros próximos líderes, no elijamos a aquel que divida o que solo escuche los intereses de tu burbuja. Si resuena mucho contigo y poco con otros es un problema.
Elijamos a aquel que empatice con la tragedia ajena. Más importante, elijamos a aquel que entienda que si no nos ponemos a marchar hacia una Colombia en la que quepamos todos, la matanza social y sicarial continuará entre los ´unos´ y los ‘otros’ .



