Las convicciones personales y el llamado de la conciencia son parte de la esencia del Ser Humano. Son un elemento intrínseco que define a cada persona y determina su conducta. Especialmente, para quienes tienen cimientos espirituales, el comportamiento coherente entre el espíritu, la mente y las emociones es fundamental para su desarrollo personal. Coaccionar, a través de amenazas y represiones a un individuo, para que ejecute una conducta contraria a su conciencia, es un acto de ultraje psicológico y de vulneración a sus derechos fundamentales.
Desde la Antigüedad, la libertad de conciencia ha sido importante para el desarrollo de cada individuo. Como ilustración, pueden leerse los escritos del Apóstol, Pablo, quien relata que los primeros cristianos tuvieron discrepancias en algunos aspectos relacionados con llevar la vida cotidiana. Entre ellos, resalta las discusiones sobre comer carne sacrificada a los ídolos, pues, para unos cristianos, injerir esos alimentos en nada afectaba la santidad, ya que terminaban en la letrina. Por su parte, para otros cristianos, ese acto era constitutivo de pecado.
Para resolver esas diferencias, Pablo entendió que había cristianos que tenían estándares de conciencia más estrictos que otros, especialmente los que provenían del judaísmo. Así, explicó que no había necesidad de estancar el crecimiento espiritual por esas discusiones, puesto que, eso se solucionaba actuando conforme a la conciencia. De esta forma, para quienes no se sentían condenados comiendo esos alimentos, entonces, dicha acción no era pecado, mientras que, para quienes su conciencia les acusaba y actuaban de forma contraria a ese llamado, el acto era pecado. Todo esto, dentro del marco de enseñanzas básicas de la espiritualidad, que todo cristiano debe cumplir, como evitar: decir mentiras, cometer aberración sexual, robar, blasfemar, ir contra la naturaleza dada por Dios, entre otros principios.
La objeción de conciencia siempre ha sido un derecho fundamental dentro del marco internacional de los derechos humanos. Sin embargo, actualmente, se encuentra amenazado por una agenda sodomita, marcada por la pauta de la ideología de género. Hace unos días, la ONU lanzó un proyecto de inquisición, para identificar a toda persona y organización que se oponga a ese dogma. Se trata de la conformación de una lista negra, cuya información será suministrada por los grupos LGTBIQ+ (distíngase de las personas OSIGD), los cuales tendrán capacidad de acusar ante ese organismo a cualquiera que se oponga sus pretensiones.
En su primer paso, Michelle Bachelet, alta comisionada de la Oficina de Derechos Humanos, envió un cuestionario para que dichos grupos identifiquen a líderes espirituales, iglesias, organizaciones provida y profamilia que se opongan a la ideología de género. Además, dentro del texto emitido por Naciones Unidas, la objeción de conciencia es despojada de su categoría como derecho fundamental, por ser una amenaza contra ese proyecto. Claramente, sus intenciones se dirigen progresivamente a ilegalizar el cristianismo y aumentar la persecución contra sus miembros, en una involución social que nos devuelve a los tiempos de Nerón y Diocleciano.
Lo anterior es parte del Gran Hermano que vienen construyendo los burócratas del Nuevo Orden Mundial. En la novela de Orwell, una de las estrategias para implementar la ideología del partido se basa en la eliminación de la ciencia y la objetividad. Para esto, el Ministerio del Amor es el encargado de realizar esta labor, “incluso utilizando los más duros castigos”. En este sentido, la ideología de género, que representa un pensamiento contrario a la ciencia y a la espiritualidad, es el dogma del partido de los globalistas, quienes, en su afán por implementar una forma hegemónica de poder, necesitan que los seres humanos se hundan en sus pasiones más humillantes, para así poder dominarlos con mayor facilidad y aumentar el margen de control social.
En este orden de ideas, recuperar el carácter fundamental del derecho a la objeción de conciencia debe ser una prioridad para las organizaciones que defienden de forma genuina los derechos humanos. La inquisición de género que proyecta la ONU, no sólo afectará a líderes espirituales, científicos y defensores de derechos humanos, sino también, al personal de la salud y la sociedad en general. Además, la protección de este derecho debe ampliarse a las personas jurídicas, especialmente a los centros de salud, porque existen otros establecimientos, cuyos propietarios no sufren acusación de conciencia.



