La legitimidad de las fuerzas públicas en nuestro estado de derecho se debilita si no hay justicia en el caso de los ‘falsos positivos’. La honra militar no es una justificación válida para cuestionar investigaciones de instituciones jurídicas como la JEP, como sí lo hizo la asociación de retirados más influente de Colombia, ACORE, en una publicación titulada Indignación institucional. Más preocupante aún es el tweet del General Zapateiro al hablar de ´´víboras venenosas´´ sin referirse directamente a la JEP pero, coincidencialmente, escrito un día después de que esta publicara el avance acerca de los falsos positivos.

El miedo a que las FARC y las Fuerzas del Orden sean ‘igualadas’, ha incrementado la postura defensiva de los miembros de la Fuerza Pública. No se equivocan en rechazar las comparaciones entre un ejército estatal y un grupo guerrillero como las FARC, que sistemáticamente secuestró y torturó a civiles por décadas. Pero si se equivocan aquellos que piensan los que militares no tienen la misma responsabilidad de entregarle la verdad al país.
Es crucial que en el caso de los ´falsos positivos´ se esclarezcan los hechos y se sentencien a los culpables para proteger la propia legitimidad de la Institución Militar. Máxime, es un deber estatal para con las familias de los 6.402 seres humanos -contados- que fueron asesinados sistemáticamente, y contados perversamente como bajas en combate tras hacerlos pasar por guerrilleros.
No se trata de manzanas podridas. El fenómeno se redujo en la medida en que el gobierno cambió su política del ´conteo de cadáveres´ que consistía en recompensar las muertes por encima de las capturas y las desmovilizaciones. Que un cambio en las políticas de recompensa haya reducido el fenómeno, significa que los falsos positivos fueron asesinatos institucionalizados.
Los colombianos jóvenes, espero, vamos a enterarnos de la magnitud de la matanza y la rechazaremos. Pero eso no significa que desestimaremos la institución como tal. Al contrario, la honra militar estará en mayor riesgo si la impunidad continúa.
La JEP tiene un rol clave en traer justicia en un caso por ahora con escasa verdad y reparación para con las víctimas. Algo evidente en el mismo conteo ya que la Fiscalía sólo investigaba 2.248 asesinatos extrajudiciales, mientras que la JEP ahora tiene una cifra preliminar de 6.402 casos. Un subregistro de más de 4.000 víctimas, cada uno de ellos con una familia y seres queridos a los que Colombia les debe justicia.
La atención que el auto de la JEP trajo nuevamente al tema de los “falsos positivos” es importante ya de por sí mientras el fenómeno no sea visibilizado y rechazado, existe la posibilidad de que se repita. El regreso de la política de usar las bajas para evaluar el desempeño militar revelado por el New York Times en 2019, es una muestra de la falta de conciencia acerca de los errores del pasado. La culpa también es nuestra. En una sociedad más condenatoria contra este cruel capítulo de nuestra historia, el regreso de tal política habría sido impensable. He ahí la importancia de manifestarnos en contra de las atrocidades, sin importar a cuál bando pertenecen los autores.
A algunos les parecerá atrevido que un joven como yo hable de acciones que pasaron en el contexto de una guerra que no luché. Pero es precisamente porque no quiero luchar ninguna guerra, por lo que me parece necesario clarificar la violenta verdad. Verdad que no es veneno, sino una vacuna para las generaciones que queremos vivir en paz.
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