El discurso ofrecido por J. Biden el pasado viernes fue esperanzador, el mensaje ha incorporado mucho optimismo a nivel global, el presidente logró transmitir mucha confianza sobre los procesos de inmunización y planes de recuperación económica.
A pesar de la infodemia y la propagación de las teorías conspiranoides, la vacunación se ha ejecutado eficientemente, el volumen y tiempos han estado acorde con la promesa de campaña.
Dentro de la estrategia político-económica del gobierno demócrata, también se aprobó acelerar el proceso de vacunación y agregar 1.9 trillones de dólares a la economía de USA a través de una nueva ‘’Relief Bill’’, un estímulo económico sin precedentes y orientado a tenderle una mano a un espectro más amplio de familias, este estímulo de cifra astronómica tiene el potencial de beneficiar el ritmo de dinamismo y recuperación de la economía global.
El discurso del presidente y su retórica unificadora tendrá mucha relevancia en la narrativa del mercado global, sin embargo, es necesario conservar la disciplina y respeto por las políticas públicas de salud y la mesura en la toma de decisiones financieras.
El propósito de un estimulo de esta magnitud, no es otro que movilizar la economía, incentivar el consumo y paralelamente motivar a las empresas a favorecer el mercado laboral.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD – OCDE) también transmite optimismo en su más reciente artículo sobre las perspectivas económicas: ”Strengthening the recovery: The need for speed” donde se explica el efecto benévolo que ha tenido una recuperación relativa mucho más rápida de lo presupuestado. Tengamos en cuenta que la llegada del virus y la declaración de emergencia sanitaria por pandemia tiene poco más de un año.
La mejora de la perspectiva tiene como principales catalizadores, la vacunación y el apoyo fiscal, acelerar el proceso de vacunación es oportuno, se debe tener en cuenta la heterogeneidad de los países y su capacidad de respuesta, esta divergencia también es visible a nivel sector, las políticas de distanciamiento y limites de aforo, ralentiza la recuperación del sector de servicios.
Acelerar la inmunización disminuye el riesgo de que el virus siga mutando y creando versiones de si mucho más nocivas, la mitigación de este riesgo beneficiará la demanda de materias primas, la creación de empleo y el consumo por confianza.
A pesar de que la inflación ya ha empezado a mostrar síntomas de mejoría, todo parece indicar que la política monetaria seguirá siendo muy flexible y acomodaticia, con el fin de evitar algún efecto sorpresa derivado de aumentar la oferta monetaria y conservar tasas de interés tan bajas, en otras palabras, los gobiernos decidieron imprimir o crear más dinero para adquirir los bonos de deuda pública y utilizarlo posteriormente para disminuir el déficit presupuestario al que conllevan este tipo de escenarios y maniobras expansivas.
Muy probablemente este tipo de ayudas a nivel gubernamental seguirán siendo necesarias hasta que se logre el retorno a la ‘normalidad’, pero debe conservarse la acepción de beneficio económico como una concesión al patrimonio de familias y empresas, más no exclusivamente como acceso a la deuda, puesto que el exceso de deuda aumenta la vulnerabilidad de la economía en su conjunto.
El esfuerzo y la coordinación internacional sigue siendo uno de los pilares esenciales para la recuperación inclusiva y la resiliencia, la importancia de estas cualidades se magnífica en este escenario, donde la evolución del virus es tan diversa e incierta, país rezagado en inmunización perderá más vidas y también oportunidades de vinculación en la restauración y cicatrización del tejido biopsicosocial y económico.
Resulta prudente resaltar que el optimismo económico no debería ser extrapolado de manera instantánea o inmediata al mercado financiero, según la OCDE, la vulnerabilidad persiste, existe preocupación sobre el elevado precio de activos de referencia global, el aumento agresivo en el precio de la vivienda de muchos países y el deterioro de la calidad crediticia, así como la transición de la inversión a activos de mayor riesgo en la búsqueda de mejores rendimientos y aumentos en la volatilidad como consecuencia de la divergencia en los ritmos de recuperación.
El optimismo, si bien permea a la economía global, no lo hace al mismo ritmo, y la capacidad que tienen las economías más desarrolladas para construir la neo-normalidad, constituye un estímulo para que los flujos de inversión transiten desde las economías emergentes hacia las más desarrolladas. ¿Qué medidas podemos fortalecer para disminuir el riesgo de fuga inversionista?



