Como una montaña rusa, así avanza la vacunación contra el Covid 19 en el país. Unos días con mas vacunados, otros con menos, y es que, a este punto, se percibe un ambiente de descuido y poco interés por lo que tanto nos ha costado durante el tiempo que lleva esta pandemia.
Hablo de vidas que se han perdido, amigos, familiares, conocidos, contagiados que libran esta batalla día a día, además de las perdidas económicas de millones de colombianos que con mucho esfuerzo tratan de recuperarse. Mucho esperamos por la llegada de las vacunas y después de múltiples sucesos y esfuerzos del Gobierno Nacional, por fin llegaron.
Todo parecía estar sincronizado, una logística “impecable”, así lo anunciaban algunos mandatarios locales, que ante la falta de firmeza y control en las medidas establecidas durante los periodos mas críticos de la pandemia y cuando debieron demostrar su liderazgo, fueron tibios, cómplices del desorden, dejando al descubierto sus improvisadas decisiones. Adicional a esto y como muchos auguraron, esperaban que la vacunación se convirtiera en la vitrina perfecta. Las criticas no se hicieron esperar, y con toda razón la población con total indignación les castigó su comportamiento en redes sociales. Habiendo pasado todo esto y con cifras promedio diarias de contagios cercanas a los 4.000, seguimos teniendo perdidas humanas.
De acuerdo con cifras suministradas por el Ministerio de Salud en Colombia desde que inició su campaña de vacunación el pasado 17 de febrero, con corte al sábado 13 de marzo, tenemos un acumulado de 782.301 vacunados, equivalente al 1,52% de habitantes y solo 33.242, equivalente al 0,06% de habitantes con las dosis completas, a pesar de que al país ya han llegado más de dos millones de dosis contra el virus.
Estas cifras ubican a Colombia por debajo de países como Brasil, Argentina y México, que nos superan en población con ambas dosis. No quisiera pensar que en algunas partes del país una situación tan delicada y lamentable, se haya vuelto un espejo de viejos problemas como la corrupción, el favoritismo, la falta de planificación o la incapacidad para resolver grandes desafíos. Sumado a otra característica histórica de la región, como la falta de unidad y coordinación entre los países, que sin duda también afectó las posibilidades de demandar más vacunas al resto del mundo. Esperamos, sin bajar nuestro nivel de optimismo, que en los próximos días podamos llegar a la meta de vacunar a un millón de personas en el primer mes con la primera dosis.
Pero es que decir esto no es suficiente, hay que tener en cuenta que mientras en unas partes del territorio nacional la vacunación esta cumpliendo etapas al 100%, en otros, el panorama no es el mismo, en este sentido hay que analizar las causas, buscar soluciones y señalar responsables. Es una injusticia hacer comparaciones con otros países y utilizarlo como justificación para ocultar un hecho preocupante, pero si a falta de entendimiento hay que hacerlo, pues lo hacemos.
La amenaza no cesa y con la nueva cepa brasileña acrecentando las cifras de contagiados en ese país es muy probable que empiece a hacer eco en sus vecinos. Las naciones de la región le han puesto el acelerador al proceso de vacunas, no debemos ser nosotros con 61.143 fallecidos, 31.887 casos activos, 5 linajes diferentes detectados del virus y el primer caso de fallecimiento en Bogotá a causa la variante brasileña, los mas relajados en implementar los mecanismos necesarios para que el proceso de inmunización muestre cifras mas satisfactorias.
Dejando claridad de que no se necesita una Ley de la República para autorizar a los privados que cuenten con plena capacidad para comercializar y apoyar al Estado en el proceso de vacunación, con un escenario como este y sin tener establecida una reglamentación transparente y efectiva, una medida que sin duda aceleraría el proceso de inmunización frente a la lentitud con la que hoy avanza, podríamos estar ad-portas de ocasionar que algunos empiecen a eludir las estructuras formales del Estado para canalizar las vacunas sin planes y protocolos claros, poniendo en riesgo la atención a las poblaciones vulnerables.
Es muy probable que, sin acelerar el ritmo actual de vacunación, podríamos tardar años en alcanzar los niveles de inmunidad necesarios en las poblaciones para volver a la normalidad que tanto necesitamos. De acuerdo con análisis realizados, con un promedio de 20.000 a 30.000 dosis diarias aplicadas, tardaríamos mas o menos cinco años en vacunar al 70% de la población, cuando el numero ideal de vacunas aplicadas debería ser de 96.000 diarias. Esto funciona como un círculo vicioso y amenaza a su vez con profundizar problemas sociales en medio de condiciones que ya eran consideradas desiguales antes de la pandemia.
En la medida en que no tengamos la capacidad de crear un espacio de normalidad a través de un proceso de vacunación más rápido, vamos a seguir teniendo un impacto desfavorable sobre la economía, la salud y la pobreza, es oportuno revisar alternativas que están al alcance del sistema: Centros de vacunación que funcionen 24 horas al día, una valoración adicional al personal que este dispuesto a apoyar en esta medida, nuestro cuerpo medico a nivel nacional ha demostrado estar a la altura de la necesidad y ha respondido con creces a los requerimientos de cada momento, nosotros confiamos en ellos, el gobierno debe actuar.



