Todos en algún momento de la vida deseamos cambiar, muchas veces ese proceso de transformación nos confronta con una interesante paradoja. El cambio es un proceso interno como decía (Henry David Thoreau) “Las cosas no cambian; cambiamos nosotros”.
Poder comprender como construir ese cambio es fundamental para hacerlo real, y parte de poder mirarnos al espejo con total transparencia y libertad para decirnos la verdad a nosotros mismos. El ejercicio honesto de aceptar nuestra realidad interna es el principio del cambio, es la puerta que se abre a la posibilidad de hacer las cosas distintas.
Es muy frecuente encontrar frases llenas de frustración y desesperanza, cuando se habla del tema, empezando con algunas muy comunes como “yo soy así”, “es lo que hay”, “así soy y así me quedo”, “es imposible”… esta entre muchas otras, son frases que nos limitan y no nos permiten asumir nuestra responsabilidad frente al proceso de transformación.
Otro aspecto, es esperar que lo que cambie sea la situación, el gobierno, la pareja, el jefe, la familia; en fin, nos refugiamos en un sin número de excusas para no afrontar nuestra responsabilidad frente a cambiar nuestra vida, cuando la realidad es que en esta postura lo único que hacemos es entregarle el poder de transformación a otros. Renunciamos a nuestra capacidad de crear una realidad distinta y perpetuamos el sufrimiento del conflicto.
Hay una plegaria que tiene una claridad inmensa para trabajar en nosotros el tema de los cambios y es la Plegaria de la Serenidad, les comparto el conocido comienzo de una oración atribuida al teólogo, filósofo y escritor estadounidense de origen alemán Reinhold Niebuhr y cuya versión más conocida dice así: Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia. Yo no puedo cambiar lo que está afuera de mí, aceptar esa realidad de lo que no puedo cambiar o no me corresponde cambiar, es muy importante para no desgastarnos en luchas infructuosas y generadoras de sufrimiento para muchos. Cuando nos liberamos de esta carga emocional de querer que todos los demás cambien; además del alivio y descanso por la carga emocional que esto conlleva, podremos redireccionar toda nuestra energía en nuestro propio proceso.
Enfocarnos en lo que SI podemos cambiar y comprender en donde estamos ubicados a nivel personal es un factor clave para que este cambio sea posible.
Empezar por la mirada directa a nuestro ser y nuestra realidad, sin máscaras, ni juicios de valor, autocastigo, culpas o autoreproches, entre otros. Estos solo son distractores de lo realmente importante y es el encuentro contigo mismo y el universo de posibilidades para empezar a hacer las cosas diferentes para ti, y por el placer de acercarte amorosamente a tu existencia, con la certeza de que te estas construyendo para ser feliz, aunque las cosas no sean perfectas afuera, pero si son perfectas para enseñarte el camino a seguir en tu proceso de trasformación interna. Esa es la realidad del principio de un proceso de cambio exitoso, es hacerte consciente de que el protagonista de tu historia es tú despertar a la realidad de creer en ti, lo hace todo posible, para vivir una vida llena de bienestar emocional y felicidad.



