Los científicos y desarrolladores han anunciado que están cerrando la brecha entre seres vivos y seres robóticos. Los xenobots han surgido como máquinas reconfigurables que pueden mejorar la salud humana y animal. Sin embargo, existen preocupaciones desde el enfoque ético y legal.
Esta semana, una investigación publicada por roboticistas y científicos dio a conocer una receta para crear una nueva forma de vida. Se trata de los xenobots, una tecnología fabricada a base de células de madre y células de rana, la cual ha sido descrita por uno de los investigadores involucrados como: “ni un robot tradicional ni una especie de animal conocida, sino que es una nueva clase de artefacto. Un organismo vivo y programable”. Su nombre se deriva del prefijo, xeno, que proviene del término, xenopus laevis, relativo a las células de rana.
Los xenobots miden menos de 1 milímetro de largo y contienen entre 500 y 1000 células vivas. Tienen varias formas, en su mayoría simplistas, algunas de ellas con piernas en cuclillas. Pueden impulsarse en direcciones lineales o circulares, ver objetos pequeños y unirse para actuar colectivamente. Además, pueden vivir hasta diez días utilizando su propia energía celular.
Para crear los xenobots, los investigadores tuvieron que usar una supercomputadora, en la que pudieron probar miles de diseños aleatorios de seres vivos simples, que pueden realizar ciertas tareas. La computadora fue programada con un algoritmo evolutivo de inteligencia artificial, para que pudiera predecir qué organismos vivos podrían mostrar capacidad de realizar tareas útiles, como moverse hacia un objetivo. Así, luego de seleccionar los diseños más prometedores, los científicos intentaron replicar los modelos digitales con piel de rana o células cardiacas que unieron mediante el uso de herramientas de microcirugía. Sobre estas últimas, los investigadores explicaron que las células del corazón pueden contraerse y relajarse, lo que da movimiento a los organismos.
Actualmente, la creación de los xenobots es una investigación pionera en la ciencia. Sin embargo, debe quedar claro que, a pesar de ser llamados: robots vivos programables, en realidad son organismos hechos de tejido vivo. El término robot se utiliza, porque pueden configurarse en diferentes formas y luego programarse para apuntar a ciertos objetivos. También, pueden reparase a sí mismos al momento de dañarse.
En cuanto a sus usos y riesgos, ya se están presentando discusiones respecto al valor de los xenobots en relación con ellos. Algunos han sugerido que podrían usarse para recoger micro plástico en océanos contaminados. Otros han asegurado que podrían usarse para ingresar en áreas confinadas o peligrosas, con el propósito de analizar toxinas o materiales radioactivos. Otros han preguntado si se podrían usar para transportar medicamentos al cuerpo humano, reparar el tejido de un paciente o atacar el cáncer, puesto que, al ser biodegradables, tendrían una ventaja sobre la tecnología actual. Otros investigadores quieren usarlos para comprender mejor los sistemas vivos y robóticos, así como para mejorar el uso de la inteligencia artificial.
Por otra parte, algunos consideran que esta nueva forma de vida puede ser usada para atacar funciones vitales, de la misma manera en que se usarían para atacar cánceres. Otros advierten que esta creación no es natural y en las manos inadecuadas puede ser usada para generar consecuencias devastadoras sobre el Ser Humano, como propósitos con fines de guerra biológica. Otra preocupación es que las versiones futuras de xenobots, que se esperan puedan reproducirse en algún momento, puedan funcionar mal y empezar a competir con otras especies naturales.
De igual forma, se debe mencionar que, para que los xenobots realicen tareas complejas, necesitarían un sistema sensorial y nervioso, lo que podría resultar en sensibilidad. Un organismo programado sensible plantea cuestiones éticas. En el artículo: Not bot, not beast: Scientists create first ever living, programmable organism, los analistas, Simon Coghlan y Kobi Leins, explican que los creadores de xenobots han reconocido la necesidad de debatir sobre la ética de su creación. Para ellos, si bien cada tecnología debe considerase en forma imparcial y en función de sus méritos, la creación de esta nueva tecnología plantea las siguientes preguntas: “¿Deberían los xenobots tener interruptores de muerte biológicos en caso de volverse deshonestos? ¿Quién debe decidir quién puede acceder a ellos y controlarlos? ¿Qué pasa si los xenobots caseros se vuelven posibles y cuánta regulación se requiere?”. Se espera que las experiencias en otras áreas podrían ayudar a gestionar los riesgos futuros.



