Sólo dos meses han sido suficientes para que Estados Unidos pierda el rumbo que había logrado recuperar. Crisis migratoria, crisis diplomática, crisis cultural y restricciones a la libertad de cultos son algunos de los problemas que ha generado la presidencia de Joe Biden. Nada más se podía esperar de una administración impuesta bruscamente por una agenda política globalista. A pesar de los esfuerzos que el establishment americano viene realizando, para perfumar la desastrosa administración actual de ese país, ha sido imposible disfrazar el descontrol que el gobierno demócrata viene sufriendo en la esfera nacional y en el contexto internacional.
La migración ilegal es una bomba que está reventando como consecuencia de las promesas que realizaron los demócratas en las pasadas campañas electorales. Hace dos días, Proyect Veritas reveló fotos de las condiciones en que se encuentran los migrantes que intentan pasar la frontera hacia Estados Unidos. A pesar que de manera déspota el gobierno demócrata prohibió a los periodistas acercarse a los centros de exclusión migrante y tomar fotos de ellos, nunca se pudo evitar que profesionales ágiles se lograran infiltrar y captar imágenes de las condiciones infrahumanas en que se encuentran los seres humanos que han sido retenidos. Bajo el pensamiento del filósofo italiano, Giorgio Agamben, se podría considerar que son tratados como la categoría romana del Homo Sacer.
Actualmente, la crisis migratoria en Estados Unidos es un problema sin precedentes en la historia de esa nación, el cual, se ha generado como consecuencia del discurso de mercadeo político de la izquierda americana. Durante las campañas electorales, los demócratas realizaron propaganda en la que invitaban a los extranjeros a establecerse en ese país de manera segura. Así, generaron expectativas que espolearon los ánimos migratorios y condujeron a que, desde la posesión de Biden, se incrementaran las olas de personas que buscan vivir en esas tierras.
Ahora que retomaron el poder, los demócratas cambiaron su discurso de fronteras abiertas y pasaron a rechazar a los migrantes que invitaron a ser parte de su nación. Estos seres humanos fueron engañados de forma cruel, a través de un discurso político maquiavélico, que tenía el objetivo de tomar el poder sin importar los medios y los compromisos que se utilizaran para ello. Un viejo refrán americano dice: “los republicanos te avisan que viene la lluvia y no te prestan el paraguas, pero los demócratas te prestan el paraguas y, cuando viene la lluvia, te lo quitan”.
Por otra parte, la política internacional del gobierno demócrata es desastrosa. En sólo dos meses, Estados Unidos pasó de ser una potencia diplomática fortalecida, que logró la firma de acuerdos de paz emblemáticos a nivel internacional, a la actitud belicista que le caracterizó en los gobiernos de Obama y algunos de sus antecesores. No sólo se reanudaron los bombardeos y las guerras a países extranjeros, sino que volvieron a revivir fuertes tensiones con Rusia. La semana pasada, en una entrevista, Joe Biden afirmó que el presidente ruso, Vladimir Putin, es un “asesino”, como si las relaciones internacionales consistieran en los mismos discursos politiqueros americanos en campañas electorales, donde esos calificativos y otros semejantes son usuales.
De igual forma, el primer encuentro gubernamental con China fue un absoluto fracaso. Los orientales fueron conscientes de la debilidad de la administración actual de los Estados unidos y aprovecharon para imponer condiciones y realizar exigencias a su contraparte, la cual se quedó sin respuesta y decidió terminar la audiencia. Con este encuentro quedó oficializada la pérdida de la hegemonía de la fuerza mundial del país norteamericano. Algunas de las afirmaciones del representante de la delegación china fueron las siguientes:
“Creemos que es importante que Estados Unidos cambie la imagen que tiene de sí mismo y que deje de fomentar su democracia en el resto del mundo. Mucha gente, en el propio país, tiene muy poca confianza en la democracia estadounidense // Estados Unidos no está capacitado para hablarle a China desde una posición de fuerza”.
En cuanto a la crisis cultural, el gobierno Biden está recogiendo la cosecha de las divisiones ideológicas que sembró para tomar el poder. Los grupos violentos del marxismo americano, que fueron usados como armas del Partido Demócrata en campaña electoral, ahora salieron de su control y continúan azotando las ciudades en ese país. Según informa el medio, Daily Wire, ayer, integrantes del grupo extremista, Black Lives Matter, vandalizaron las calles de Rochester, Nueva York, y mantuvieron atrapadas a 100 personas dentro de un supermercado.
De igual forma, la cultura sodomita que pretenden imponer los globalistas ha tomado fuerza en el gobierno Biden y viene destruyendo las instituciones familiares, escolares y laborales de la sociedad norteamericana. La ideología de género y demás dogmas marxistas son la prioridad de esta administración, hecho que viene acumulando molestias entre las personas que habitan ese país.
Lo anterior ha implicado restricciones a la libertad de cultos. En especial, el cristianismo está sufriendo un ataque sin precedentes en Estados Unidos, que ha sido una nación caracterizada por haber sido la mayor potencia misionera en el mundo. Una vez posesionado Biden, grupos LGTBIQ+ están exigiendo al gobierno la cancelación de Franklin Graham, el líder cristiano más importante en ese país, quien viene levantando su voz contra la promoción de la cultura sodomita en Norteamérica. Esperemos que, así como Graham, los americanos tengan el coraje de luchar y recuperar su país.



