Ser un competidor de elite es un honor y lucir los colores de la bandera colombiana en un encuentro internacional, mientras cantas a todo pulmón el himno nacional es una hazaña que pocos pueden darse el lujo de contar. Hoy tocaremos un poco las fibras deportivas de nuestra tierra sucreña y como algunos héroes sin capa en las inhóspitas sabanas y ciénagas mojaneras luchan con las uñas por tratar de sacar adelante jóvenes deportistas y quitárselos de las manos a la delincuencia y el abandono.
Bajo un inclemente aguacero de esos que hacen cantar los carraos y volar las garzas, el pequeño José Carlos inicia la travesía desde la vereda Miraflores hasta Sincelejito en las entrañas del municipio de Majagual para llegar a “Raboneritos”, la única escuela deportiva de la región donde en medio del barro y el olor a estiércol de vaca, tratara de aprender bajo las órdenes del profe Joismer las claves para lograr el sueño de algún día viajar a la ciudad y representar a su pequeño pueblo en alguna competencia de fútbol.
Con los guayos en la tula y los pies en medio del barro, este pequeño gigante recorre un terraplén convertido en pista de lodo contando lo orgulloso que se siente debido a que hoy estrenara una camiseta que algún amigo donó a su club y además pateara un balón que logró conseguir el profe haciendo rifas o con la ayuda de sus padres vendiendo pasteles de puerco.
Tuve la oportunidad de acompañar al profe Joismer Bernal en unos de sus entrenamientos y en medio de lágrimas de orgullo y pasión me contaba que en su club “Raboneritos” ayuda a más de cien niños y niñas de los corregimientos y veredas de la región de rabón, y su gran hazaña fue lograr que sus “hijos” pisaran una cancha de “verdá verdá” en el festival deportivo del caribe realizado en Barranquilla en 2014.
Confiesa que ha llorado por no encontrar el apoyo para desarrollar la actividad deportiva debido a que las familias de sus pupilos son de escasos recursos económicos y sin le dan para los guayos no tienen para comida, por lo tanto, se ha vuelto un experto en organizar rifas o bailes y sin pena ha “pelado la cara” en la alcaldía municipal sin importar que le terminen tirando la puerta en la cara porque el deporte no es prioridad para la mayor parte de nuestros dirigentes.
Formarse bajo principios técnicos y multidisciplinarios en un país donde los entes gubernamentales están permeados por la corrupción es una odisea sin fin en la que talentos paridos de las entrañas colombianas están condenados a ver pasar sus sueños sin una mano que los ayude a formarse como deportistas.
Como la de José son muchas las historias de superación de los talentosos de la Mojana que con su deseo de lograr un futuro mejor alejados de la violencia recorren kilómetros a pie, a lomo de caballo o “tirando canalete” con el fin de lograr meter un gol a la pobreza y hacer una gambeta a la desigualdad para conseguir el éxito en un camino como el deporte que en el país del sagrado corazón tiene más espinas que claveles.



