La reforma tributaria es el tema de moda en el país, de manera especial por la forma cuenta a gotas como nos las están dando a conocer por la sencilla razón de que no es convincente y mucho menos generosa. Son acontecimientos de tipo tributario en la cual se intenta someter al país con base al informe que presentaron el grupo de los “Magníficos” es decir, los cinco consultores internacionales externos seleccionados por el estamento cuyos nombres corresponden a David Rosenbloom, Pascal Saint-Amans, Kent Smetters, Brian J. Arnold y Jeffrey Owens, con el seudo argumento que “tienen la mejor experiencia académica y profesional del mudo”. Dichos susodichos, direccionados por el Ministerio de Hacienda y con cuantiosas sumas de honorarios en dólares, conformaron la Comisión de “Estudio de Beneficios Tributarios”, creada en abril del 2020 según resolución 1046, Ley de Crecimiento Económico (reforma tributaria).
Además de los intelectuales internacionales, le anexaron ilustres provincianos vivientes en “Locolombia”. El Director General de la Unidad Administrativa Especial Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) o su delegado; el Viceministro Técnico del Ministerio de Hacienda y Crédito Público o su delegado; el Ministro de Comercio, Industria y Turismo o su delegado; el Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural o su delegado y el Ministro del Trabajo o su delegado.
Colombia brota innumerables profesionales que no están acomodados en las poltronas de Hacienda y Planeación nacional, con especializaciones, maestrías y doctorados en temas tributarios, que están en capacidad de analizar, conceptualizar, interpretar, argumentar y generar verdaderas ideas para una reforma tributaria social, ellos, superan en perfiles a las eminencias que decidieron aumentarle el IVA al chocolate y la panela, y grabar a los asalariados que devengan míseros $ 2.500.00.oo.
Los susodichos contratados, hacen parte de la famosa “Economía Salvaje”, Un director del Programa de Impuestos Internacionales de la Universidad de Nueva York (NYU), otro director del Centro de Política y Administración Tributaria de la Ocde (Ctpa), uno más, director del programa de Penn Wharton Budget Model, un asesor del Canadian Tax Foundation, y un director del WU Global Tax Policy Center. Nos preguntamos… ¿Qué más podíamos esperar de ellos? ¿Sabrán dichas eminencias como se alimenta la gente pobre de nuestras comunas? ¿Tendrán conocimiento de la hambruna que vive el Chocó y los niños de la Guajira? Estamos seguros que no, como tampoco nuestros burócratas asesores de las dignidades, pero si lo saben los políticos prometedores en campaña que por ganar dividendos y ser electos se aprovechan de la inocencia colombiana con promesas que luego no van a cumplir.
Y no solo es el presidente Duque, ello ha sido perenne en la historia de nuestros gobernantes, incluyendo los municipales y departamentales que en su conjunto tiene la noble misión de engatusar a los que pagamos impuestos con el cuento del “gallo capón” de nuestro nobel de literatura Gabriel García Márquez, “Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento del gallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón… y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras”.
Pues bien, ese cirulo vicioso, lo practican a diario nuestros politiqueros en campaña, “no más impuestos”, “no más corrupción” “no más politiquería barata”, “no más nepotismo”. Cuento repetido y repetido en campañas sin ninguna clase de escrúpulos, Por ello, creemos en la frase de Juan Eusebio Nieremberg, “Las grandes promesas son siempre muy sospechosas” y es la realidad actual, nos vendieron la idea que teníamos un hueco fiscal de 15 billones de pesos, ahora es de más de 25 billones, lo mismo se dijo que no se tocaría la canasta familiar, y ello es falso, ya que es una realidad la solicitud de la ampliación del IVA en productos como la panela, la sal, el azúcar, el chocolate, los productos cárnicos como los embutidos y las pastas, entre muchos más que pasarías del 5% al 19%. Pero ello no es lo único, también se cuecen tablas impositivas al uso del plástico, impuestos en diferentes actividades empresariales y a personas naturales y jubilados.
No está demás, recordar que actualmente el DANE nos informa que tenemos 98 productos de la canasta familiar gravados con una tarifa general de IVA de 19%, 10 más con el 5% y 73 están exentos o excluidos, y es en estos dos últimos es donde se quiere establecer la nueva carga impositiva.
El gobierno comete un graso error si consigue la aprobación de esos gravámenes a costa de una población empobrecida, cuando lo que requerimos es una reforma fiscal estructural que se direccione a lo social, evitando el evasión, los paraísos fiscales, legalizando y ayudando con créditos y asesoría a los vendedores ambulantes, estacionarios y mototaxistas, generando empleos estables sin bolsas de empleo, el impulso al deporte y la cultura, con eficiencia en el gasto público, protegiendo las Mipymes y el sector manufacturero, y que los pulpos financieros le retribuyan a la población parte de sus exageradas ganancias.
No está demás, que se pueda impulsar la autonomía de las regiones, apartar el centralismo obsoleto y corrupto, para que la reforma tributaria, se enfoque con un verdadero criterio social-económico-regional




