A un año de las elecciones, resulta impopular presentar una reforma tributaria, aunque el gasto durante la pandemia venía pidiendo un plan de recaudo. El gobierno trató de venderla como una ley de ‘solaridad sostenible’, o como una ley de ‘financiamiento por la pandemia’, pero los medios y la opinión pública la han llamado por su nombre propio: Reforma Tributaria.
La carga se espera llegará en su mayor medida a las personas naturales, más específicamente, a los asalariados formales de la clase media. De esta manera, el gobierno pierde la simpatía de este sector de la población, que buscaba un respiro en medio de la pandemia.
Los empresarios tampoco están contentos a pesar de que han sido los más escuchados por el Gobierno, ya que con la nueva reforma perderán descuentos y el impuesto a la renta para las grandes sumas sube.
Los expertos también son críticos de la reforma, pues la esperada simplificación del sistema tributario, no llegará. Entre 189 países, Colombia es una de las economías con mayor complejidad en el sistema tributario, ocupando el puesto 148 de acuerdo a la organización ´Paying Taxes´.
La oposición también es evidente dentro de la coalición del gobierno. Vargas Lleras llamó a la reforma un ´despropósito nacional´, argumentando que los esfuerzos deberían concentrarse en reducir la evasión de comerciantes y trabajadores informales, muchos de los cuales declaran solo parte de lo que en realidad reciben, o nada en absoluto, como también lo ha dicho el Centro de Estudios Económicos Anif. La naturaleza impopular de toda reforma tributaria crece entonces por que, aparte del gobierno, hay pocos sectores de la opinión pública que la apoyan.
El último cartucho del presidente Duque para sacarle provecho electoral a esta reforma es venderla como una ‘ley de solidaridad’ a los sectores más vulnerables, que son los que han venido recibiendo subsidios estatales. Para esto tiene nada menos que una hora diaria en televisión y próximamente noticiero propio.
Pero por ahora, la jugada parece que le va a salir costosa a la estrategia política del Presidente y en cambio, fortalecerá el discurso de los candidatos de centro que le apostarán a recoger los votos de los trabajadores formales de mediano ingreso y financiar sus campañas con algunos empresarios que se empiezan a alejar de este Gobierno.



