Para ser un evaluador calificado se requieren las siguientes características: competencias técnicas en el asunto especifico, conocimiento del contexto social y de la naturaleza de lo que se va a juzgar, destreza en relaciones humanas, integridad personal y objetividad, sin dejar de lado autoridad y responsabilidad como valores de suma importancia. Como se puede ver, juzgar acertadamente es un asunto complicado que no solo depende del acto en sí, sino de las calidades de quien lo lleva a cabo.
El descalificador, persona que habita frecuentemente en la sociedad de las mentiras y que se le observa en muchos escenarios de la vida, es la antítesis de un verdadero evaluador. Éste solo busca con su actitud destruir toda realización positiva de los de su entorno, como una forma de sobresalir y hacerse notar. Puntualizando, como lo precisa Stamateas (2013), si haces algo, el descalificador te criticará, y si no actúas, te juzgará por no hacerlo. Su especialidad es la ruina social, es devastar, nunca mejorar.
¿Puede un descalificador ser un buen ejecutor de empresa alguna? Difícilmente podría alguien cuyo mensaje es de infundio conducir acertadamente una obra o acción constructiva. No pondera de forma alguna el valor del aprendizaje ni el de la experiencia y menos aún el de la capacidad personal. Lo suyo es la crítica insana y destructiva, su táctica es la desvalorización del otro para acrecentar lo propio.
Por su parte un evaluador que sabe del asunto, asume el hecho como un proceso en el que se determinan sistemática y objetivamente la pertinencia, eficiencia, eficacia e impacto de la actividad. Claramente, una evaluación objetiva se orienta a verificar la efectividad de un proceso relacionándolo con los objetivos y las realizaciones. Sin olvidar, que el propósito fundamental de la evaluación no es demostrar sino perfeccionar (Stufflebeam y Shinkfield, 1987).
Ahora, pasando al plano del diario acontecer, es usual hallar evaluadores por doquier, casi siempre carentes de objetividad y fundamentados en opiniones desacertadas, que solo transmiten a su entender y ajuste de conveniencias lo que de oídas repiten. En palabras de Pastor Cea (2007), se podría decir que, si un sujeto crítica y no propone, o sea, no contribuye a modificar para bien la situación, es un ser sin valor para una sociedad que piensa en el progreso y el porvenir.
La descalificación es usualmente aplicada en muchos contextos sociales, siendo el laboral y el político en donde más se le observa y se le usa. Cabe recordar que la descalificación se efectúa irresponsablemente buscando el descrédito de quien por su capacidad, valor o autoridad es un oponente que estorba. El descalificador puede ser visto como un incapaz, como alguien que no puede competir en el mismo ámbito con éxito y solo ve como alternativa atacar con funestas intenciones…fatídico es.



