Para emular el nombre del programa de Gobierno del alcalde DAU, hemos titulado esta columna como “Salvemos a Comfamiliar” y es que la Caja de Compensación Familiar, Comfamiliar Cartagena y Bolívar, es de todos los cartageneros y bolivarenses, no de un funcionario importado, bajo el pretexto de venir con un conocimiento y una directriz específica de liquidar la EPS; toda vez que ha demostrado no ser esa su formación. Para demostrarlo, basta revisar la contratación de asesores con el objeto específico de liquidar dicha entidad.
¿Pero por qué salvemos a Comfamiliar?, porque la semana pasada renunciaron en masa varios empleados de la oficina de sistemas de dicha Caja, entre ellos el director de esa división, renuncias que llevan escrito puntualmente la presión y el acoso laboral del que han sido objeto. ¿Cuánto más le costarán esos retiros de empleados a la Caja?. ¿La misión del emperadorcito es acabar con Comfamiliar?. ¡Dónde están los entes de control? ¿Dónde está la Superintendencia del Subsidio Familiar? ¿A qué se dedica el Agente Interventor que suple al Consejo Directivo disuelto por la intervención?.
No entiendo como ciudadana y como columnista preocupada por mi ciudad y lo que en ella ocurre, que no exista autoridad para quienes despilfarran el recurso parafiscal que recauda Comfamiliar. ¿Qué dicen los empresarios afiliados a la Caja?. ¿Se va a morir una empresa que genera, aproximadamente, 500 empleos directos y otro tanto en empleos indirectos, aparte de los beneficios que reciben sus afiliados, o mejor, que deben recibir sus afiliados?. Despierta Cartagena.
Cuando vivimos este tipo de situaciones, pareciera recordar que la ciudad y sus instituciones estuvieran viviendo una vez más la colonización de piratas, cosarios, pillos y filibusteros. Es lamentable el estado de la Caja y la forma como la vienen administrando sin que nadie se pellizque.
Son muchas las familias que derivan su sustento de la existencia de la Caja. Es que la intervención debe tener un sano propósito; recuperar la caja para sus afiliados, no que se distorsione y se lleven a cabo prácticas que atenten contra su existencia, cuando lo que se debería hacer es incentivar afiliaciones y trabajar por hacerla sólida, solvente y espantar el fantasma de la liquidación definitiva.
Reitero lo que vengo diciendo en mis columnas: No tengo nada en contra de los foráneos. Con todo respeto, debo manifestar que el Superintendente del Subsidio Familiar se ha equivocado con este señor y que el Agente Interventor al parecer, está ocupado en otras lides, cuando se le escapan todo este tipo de eventos administrativos que hunden cada vez más a Comfamiliar Cartagena Y Bolívar. ¿Será improvisación ese nombramiento? o ¿será delfín de alguien?. Que juzguen los ciudadanos de a pie como yo, la ausencia de controles; se trata de que se cumplan las normas, que se note la intervención como mecanismo de salvamento de la empresa no de debacle.
Un llamado especial a los entes de control y a la Superintendencia del Subsidio Familiar para que revisen los actos del actual director, el trato a los empleados, el acoso denunciado, la contratación celebrada y su objeto, los montos, el manejo de los Fondos de Ley en cabeza de la señora Judith Gómez, empleada enquistada en la Caja, pero que tiene muchas explicaciones que dar sobre sus actuaciones al interior de la misma.



