Hace algún tiempo viendo tantas y tantas fallas en mí, en mi conducta y en mi manera de manejar y enfrentar las diferentes situación ante las que todo esto me habían traído, decidí buscar los orígenes en mí misma, y si bien la causa estaban allí, tan tangibles y a la vista, mi primera reacción fue la menos inteligente y la más cobarde, decidí buscar culpables, ¡que error!
Tal vez mis circunstancias no fueron las mejores, pero ¿qué llevó a quienes me rodeaban a que esas fueran mis circunstancias? ¿Por qué debía juzgar? ¿Por qué buscar culpables y hacer una interminable cadena de resentimientos?
En medio de esa crisis que me llevaba a despertar, decidí hacer un pare para poder dar un giro que me permitiera reacomodar todo, decidí entonces comenzar con dar las gracias, dar gracias porque en medio de esas circunstancias, mis padres se esforzaron por darme lo mejor, porque desde su perspectiva me educaron y corrigieron cuando lo vieron necesario y si hoy tengo algún valor fue porque ellos me lo inculcaron.
También a mi particular manera me he ido disculpando con el mundo y con todas esas personas que he ofendido, agredido, lastimado de alguna manera, casi todas de manera intencional y otras sin darme cuenta, pues desde la arrogancia del ego es muy poco lo que se puede ver.
Estoy también en medio de todo trabajando en lo que para mí ha sido más difícil y es el perdón, no es fácil pedir perdón, que es algo muy diferente a presentar disculpas, no es fácil perdonar ni mucho menos es fácil el autoperdon . Pero ¿qué es perdonar? Según la RAE es olvidar la falta que ha cometido otra persona contra ella o contra otros y no guardarle rencor ni castigarla por ella, o no tener en cuenta una deuda o una obligación que otra tiene con ella.
Según la Biblia es la puerta a la reconciliación en cualquier relación que necesita restauración y el paso previo para poder amarnos los unos a los otros. No se puede amar sin perdonar. El objetivo de la vida es el amor, si se guarda rencor no se puede alcanzar.
Según algunos rabinos guardar rencor, que es lo opuesto al perdón, es como servir veneno para otro y tomárselo uno mismo. Pero que difícil resulta perdonar y perdonarnos.
En este camino escabroso resulta que debemos pedir perdón a quienes de alguna manera hemos lastimado, a la vida misma por tantas veces que no hemos sido gratos con ella y sobre todo tratar de perdonarnos y no solo tratar, debemos lograrlo, Pero también perdonar todo aquello que en un momento nos hizo mal o que simplemente no entendimos.
Los altos y bajos seguirán en nuestras vidas, eso es inevitable y es incluso lo que la hace interesante, pero lograr sortearlos sin las cargas del rencor es mucho mejor, incluso podrían alejarnos del ego que tanto nos hace errar y conectarnos desde el ser.
Espero que cuando logre equilibrar las cargas, pueda compartir también la experiencia, por ahora sigo reconociendo y encontrando esas debilidades para poder trabajarlas. Y también reconociendo las fortalezas y afianzarlas. Ese es un buen manual no solo de conciencia y convivencia, sino de vida sana.



