¿Qué pensará ese pequeño o mediano comerciante que, además de ver caer sus ventas por cuenta de la pandemia, tienen que aguantar con desazón, con rabia, como unos tipos rompen vidrios y puertas para llevarse de su negocio lo primero que encuentran? Entra uno, entra otro y salen todos con su botín por la mitad de la calle, como muestran los videos. Nadie dice nada y la autoridad, que se siente quizá desbordada, hace muy poco.
En cada ciudad, el fenómeno es muy parecido y, en medio de todo, estos delincuentes logran armar un caos bien organizado. Imagino que muy rentable también.
La vandalización de Transmilenio es otro ejemplo. Hay todo un ejército de milicianos -o no sé qué serán- expertos en desbaratar en cuestión de minutos ese mobiliario urbano en el que seguramente se cuelan todos los días para ir a la universidad, a protestar o a meter vicio. O las tres cosas.
Si cada vez que haya una protesta por cuenta de la situación crítica que generó la pandemia, estos desmanes van a ser la cereza del pastel, tendremos en poco tiempo calles comerciales enteras muertas en muchos lugares.
¿Cuántos de esos comerciantes tendrá lo suyo asegurado si el 96% del total son micro y pequeñas empresas? Casi nadie. Los ricos tiene ahorros y seguros, pero la gente que tiene un negocito vive al día y endeudada. Un vidrio roto es un roto en el bolsillo, es capital que se esfuma.
¿Quién aguanta reponer ventanales cada nada? ¿Para que tener empleados, así sean informales y muy baratos, si se vende poco y se corre el riesgo de perder mucho con tanto vándalo?
Esa es la realidad. Una realidad que solo invita al pesimismo. A resguardarse, a no invertir, a no confiar, a pensarlo tres veces antes de tratar de hacer empresa.
Lo peor de todo es que quienes salen a protestar pacíficamente se limitan a decir: “Esos no son de los nuestros”, “esos son infiltrados”, “esa es la misma Policía”. ¿Cuándo van a salir a marchar contra el vandalismo, a pedirles disculpas al pequeño comerciante y al gran almacen de cadena por los vidrios rotos y los televisores que se llevaron dos tipos en una moto? ¿Cuándo le pedirán “perdón al usuario de Transmilenio que ya no se puede bajar en la estación de siempre porque unos insensatos la dejaron vuelta nada o al ciudadano que tendrá que pagar los daños por las licencias criminales que se dan algunos, que probablemente nunca han pagado impuestos ni se ofrecerán para limpiar y reparar los monumentos que han dañado? ¿O a saludar a los policías que intentaron quemar vivos en un CAI?
Hay por ahí un político que prometió un cuatrienio de protesta social encendida. Ese mismo político quiere conquistar a la clase media emproblemada por la pandemia porque sabe que sin ella no gana el poder. Tendríamos que decirle a ese político que su estrategia para convencer asusta por gansteril; que mejor nos quedamos con otros más sensatos, que no nos prometen maravillas, pero que por lo menos no llaman a destruirlo todo para mostrar la fuerza que tienen. Si esos vándalos son así estando en la oposición, ¿cómo serán teniendo al supuesto ‘caudillo’ en la Casa de Nariño? Apague y vámonos.
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