Es mediodía en el parque de los deseos ubicado en la zona norte de la ciudad de Medellín y desde tempranas horas se congregan los marchantes que hoy recorrerán las calles de la eterna primavera en el marco del paro nacional que ya completa varios días en Colombia. Uno de estos jóvenes es *Daniel quien cansado de la falta de oportunidades, empleo y espacio en la sociedad decidió echar su mochila al hombro y manifestar su inconformidad ante el manejo estatal de los recursos en un país donde los pobres cada vez tienen menos y los ricos llenan sus arcas ampliando la brecha social.
Nuestro protagonista no es un “cualquiera” porque su hoja de vida a pesar de las limitantes está llena de honores al graduarse como bachiller en un colegio público, ser el puntaje más alto en el examen de admisión a la educación superior y mantenerse como el mejor promedio durante los nueve semestres que lleva de su carrera.
Es tajante al decir que no le teme a salir lesionado en las protestas porque está convencido que es peor quedarse callado ante la corrupción reinante que acaba con su generación y lanza al olvido las injusticias cometidas con sus hermanos.
En mi tierra de la Mojana hay un adagio popular que dice “El mantero es valiente hasta que el toro se da la vuelta” y esto lo podríamos aplicar perfectamente al momento que vive nuestro país a causa de la revuelta social que tiene en jaque a un gobierno que no ha encontrado la salida ante la crisis que ha abierto una herida que por años no ha logrado cicatrizar y se ha infectado de angustia y decepción.
Los protagonistas de esta historia son los denominados “vándalos” quienes, como *Daniel, decidieron salir a las calles arriesgando su integridad, no solo por estar en medio de una pandemia, sino también por la arremetida de la fuerza pública que con excesos ha tratado de reprimir las manifestaciones.
Uno de los grandes fortines de la llamada resistencia es el grupo de estudiantes de la Universidad de Antioquia donde bajo el manto del alma mater aún se defiende la pedagogía del oprimido, aunque esto coloque en riesgo la vida de los jóvenes que salen a las calles armados con arte y mostrando una voz de unión para gritar a los indolentes que aún existe la oportunidad de cambiar el país.
Los llamados “vándalos” son futuros abogados, docentes, ingenieros, médicos, filósofos y una larga lista de profesionales que han decidido hablar por aquellos que temen expresarse en una sociedad que te juzga por ser diferente y te señala por ir en la dirección opuesta.
Algunos cuestionan sin entender las condiciones sociales, económicas y culturales en las cuales se han desarrollado estos jóvenes provenientes de una generación que “no tiene nada que perder” porque ya se lo han quitado todo.
No podrás juzgar a los vándalos si no te ha tocado caminar desde las empinadas lomas del barrio Buenos Aires hasta la universidad de Antioquia porque no hay para los pasajes o te toca recibir una jornada de clases con una “aguapanela y pan” porque ese día no alcanzó para la comida. Tampoco entenderás la rabia de un estudiante que debe vender “gomitas” o “postres” para juntar el valor de la matricula o aportar a una familia desempleada.
Solo aquellos que tienen la capacidad de resistir en medio de la crisis lograran sacar adelante su diploma y un porcentaje elevado luego de graduarse pagará al Instituto Colombiano de Crédito Educativo y estudios técnicos en el exterior (ICETEX) deudas exageradas porque para muchos es la única forma de acceder a un crédito manejado por el estado, aunque esto implique “venderle el alma al diablo”.
El error radica en creer que las marchas son solo por la reforma tributaria o por la reforma a la salud olvidando que los “vándalos” protestan por salvar a su generación de un estado opresor que en lugar de sentarse a negociar con su futuro se hace el de la vista gorda minimizando una problemática que va en picada hacia el abismo de la destrucción del tejido social.
* Nombre cambiado para proteger identidad del protagonista.



