Esta madrugada la seño Omaira Blanquicet directora de la Escuela de Belleza Luz Belsy en Cartagena de Indias, recibió el peor regalo del día de la madre. Desde el Hospital donde estaba internado su esposo el reconocido profesor y defensor del folclor, Guillermo Leyva Yepes, le informaron que había fallecido después de estar dos semanas intubado como consecuencia de varias complicaciones derivadas del Covid-19.
Destrozada por la muerte de su compañero de vida, me contó los momentos angustiantes cuando por última vez habló con él, “Me dijo que no quería ir al hospital, que no estaba tan mal, sin embargo sentía muchas dolencias en el pecho y en las extremidades, lo llevamos a una radiografía de Torax que le recomendó su hijo médico, le hicieron la prueba y salió positivo para Covid-19, desde ese momento fue hospitalizado y comenzó la lucha por aferrarse a la vida, pero por mucho que resistió no le pudo ganar la batalla a ese virus tan peligroso”.

Guillermo Leyva, fue mi amigo, era un hombre de esos al que le gustaba sonreírle a la vida, muy servicial, amante de la música vallenata que interpretaba en las parrandas con sus amigos y en ocasiones de manera comercial, muchas veces fui su animador en tarima y decía a boca llena que yo era el mejor, nunca le creí, pero yo daba lo mejor de mí para que su presentación y la de sus músicos fuera todo un éxito. Viajabamos a los pueblos y en cada uno de ellos dejaba su sello particular que se reflejaba en la alegría de la gente. Que gratos recuerdos.
Tenía 59 años de edad, era oriundo de El Carmen de Bolívar, donde sagradamente no dejaba de asistir a las festividades religiosas, tampoco dejaba de cargar en hombros a su Virgen Del Carmen. En las parrandas interpretaba temas clásicos imitando entre veces el estilo de Ivo Díaz a quien admiraba, se hacía acompañar de buenos acordeoneros como José Vásquez, Ramón Burgos e Iván Mosquera, en las parrandas no podía faltar el saludo para sus amigos. Grabó un CD Titulado «Sabanero Soy» que repartió entre sus amigos al igual que un promocional para fiestas de noviembre titulado «El Pulgón».

Su amor por el folclor lo combinaba con la peluquería, aunque no se dedicaba de lleno a ese oficio, cada vez que cogía un cepillo un secador y unas tijeras se convertía en el mejor maestro, era un mago para embellecer cualquier rostro. Muchas de sus alumnas lo recordarán por las enseñanzas que impartió en la Escuela que junto con su esposa Omaira, fundó y forjó hasta el último día que estuvo en pie.
Sus amigos lo recordaremos por siempre. Gracias «viejo Guillo» por tu amistad desinteresada por ayudarme en los momentos que pedí tu ayuda y por incluirme en la lista de tus mejores amigos. “Usted es mi hermano, lo quiero mucho», me decía en estos tiempos de pandemia cada vez que nos comunicados por vía Whatsapp.
Siempre me preguntaba por la familia y me deseaba éxitos. Fui uno de esos amigos de confianza. De vez en cuando yo cantaba canciones vallenatas y se las mandaba, me decía “joda compa grabe un CD que yo lo apoyó, usted con esa voz llega lejos». “No me olvide, soy su hermano», fueron las últimas palabras que me dijo a mediados de mayo. No volví a saber de él hasta hoy que recibo una llamada del colega Luis Madero quien me despertó con la mala noticia. “Mi hermano lo llamó para darle una mala noticia, murió nuestro amigo Guillermo Leyva” me dijo Madero.
Sentí una presión en el pecho y el dolor invadió mi corazón, tantos recuerdos pasaron por mi mente en cuestión de segundos con la tristeza a flor de piel y aguantando unas ganas de llorar, llame a la seño Omaira, ella al escuchar mi voz rompió en llanto, me dijo que yo era uno de los pocos amigos verdaderos que tenía su esposo, poco a poco se fue recuperando y su voz aunque entrecortada me seguía contando algunos detalles de los últimos días que compartió al lado de Guillermo, al final de la conversación otra vez rompió en llanto y me dijo… «ahora yo no sé qué voy a hacer, me parece mentira que este muerto”.
Toca tener fortaleza seño Omaira, alcance a decirle con un nudo en la garganta y con un dolor que apretaba mí pecho, ese mismo que sentí hace mas de un año cuando murió mi sobrino de 25 años.
Yo no quiero acompañarlo hasta su última morada, porque como dice una canción vallenata “quiero hacerme la idea, que está viajando lejos, que está con Dios allá en el cielo y a mí en el cementerio me mata la tristeza”. -Descansa en paz buen amigo-.



