La labor social de la Iglesia católica es muy poco conocida. Este hecho contrasta con la enorme actividad que despliega a lo largo de todo el territorio nacional. Ninguna organización, pública o privada, puede esgrimir las cifras que maneja la Iglesia en su actividad asistencial.
Muy frecuentemente me encuentro con personas que mantienen una constante crítica destructiva sobre la Iglesia Católica. Suelen resaltar solo cosas negativas, la mayoría de las veces terminan creando una leyenda negra muy alejada de la realidad, que a su vez es transmitida a otras personas, las cuales en una especie de círculo vicioso comienzan a hacer lo mismo. Es por eso que he querido crear esta sección donde pretendo resaltar todas aquellas cosas buenas que la Iglesia ha hecho por la humanidad.
En los años recientes una parte muy importante de la actividad social se ha centrado en el compromiso por salvar vidas en medio de los grandes desastres y emergencias que se viven en las comunidades.
Una segunda gran línea de la Iglesia en Colombia es aportar a la reducción de los niveles de pobreza, en particular la pobreza extrema que golpea a una parte de nuestra población. Se trata de proyectos productivos y de generación de medios de vida en las comunidades más afectadas.
Desde las regiones más alejadas se hacen trabajos con campesinos en la adopción de medidas para aumentar su capacidad de obtener los productos necesarios, y tener acceso al mercado para sus productos.
El aporte para la superación de la pobreza implica también acciones de educación como camino clave para el avance en el mediano plazo, y la capacitación inmediata para el empleo o para obtener medios de subsistencia; en ambos casos está comprometida la Iglesia con numerosas Diócesis y organismos parroquiales.
La Iglesia asumió, en buena parte, la acción social pública. Teniendo en cuenta el contexto general de las costumbres del tiempo, el cristianismo representó la dignificación de las personas, y la práctica de la caridad hacia los pobres fue predicada con insistencia y practicada eficazmente.
Hay poblaciones especialmente vulnerables que requieren el acompañamiento y presencia de la Iglesia, estamos hablando de las personas privadas de la libertad hacia quienes se tiene un programa integral de atención a ellos y sus familias para aliviar su situación, e igualmente los enfermos hacia quienes no solamente se tienen instituciones de atención médica sino equipos de acompañamiento y de cercanía en medio del sufrimiento.
La cuestión social, entendida como un problema grave de injusticia social (desempleo, hambre, explotación, etc.) del cual se ha tomado conciencia, y contra el que se han realizado esfuerzos para superarlo, fue un apremio para la Iglesia del siglo XIX, durante el que repercutieron terriblemente los efectos de la revolución industrial tenida en el siglo anterior, tales como desempleo, salarios de hambre, sobreexplotación aun del trabajo infantil y femenil, etc. Y es que los nuevos esquemas económicos vinieron a replantear la división de las clases sociales, ya no sólo como ricos y pobres, sino como detentadores del capital 11 y, por lo tanto, de los medios de producción, y los suministradores de trabajo.
La Iglesia católica ha llevado a cabo multitud de iniciativas ante las grandes catástrofes naturales, las víctimas de las guerras o de cara a la promoción y desarrollo de los pueblos, y también actividades más locales para atender los problemas de sus comunidades: obreros en paro, inmigrantes, drogodependientes, enfermos de sida y todos los que están en riesgo de exclusión social.
Los católicos desde su nacimiento como institución siempre han estado en primera línea defendiendo los que más son vulnerables ante el acoso y humillación de los que tienen el poder.



