En la mayoría de las ocasiones cuándo tomamos distancia de ciertas situaciones, personas, o espacios de la vida misma, podemos ser tachados de indiferentes, pero libre de cualquier prejuicio, la distancia en muchas de esas ocasiones, es nuestra tabla de salvación.
En mi caso me tocó apartarme de la cruda realidad que vive Colombia hoy, y lo agradezco, quizá fue un deseo involuntario que se cumplió en el momento menos pensado. Esa toxicidad que impone la realidad que estamos enfrentando, y los liderazgos invertidos nos están llevando a un punto de trauma nunca antes visto.
Los que supuestamente encendieron la llama del “estallido social”, ya se están dando cuenta que no tienen autoridad de ningún tipo, por el contrario, han dejado en evidencia que no ejercen ninguna influencia en los jóvenes. Pero cómo no, si es que dejaron su discurso anquilosado en una época de la que ya estamos a años de distancia, los sindicatos, asociaciones como Fecode, y centrales obreras, por mencionar algunas, se quedaron en la era industrial, hoy, estamos frente a otra realidad, ya los individuos pueden amasar fortuna desde la virtualidad, y en ese terreno todos esos organismos están desactualizados, y sólo hacen uso de ella de la manera más primaria, convirtiéndolos en “centros de opinión y odio”.
Que bueno sería que quienes están en la calle le bajen a las revoluciones mentales y puedan destinar esa energía a la construcción de proyectos que gestionen cambios en sus rumbos. Las faltas de posibilidades ya son suficientes, necesitamos todos, trazarnos objetivos que nos lleven a una transformación social positiva, pero desde la individualidad. Dar alaridos en pandemia lo único que genera es mortalidad.
Comenten un gran error los que dicen querer generar un cambio, si lo hacen alentando el miedo y desestabilizando al país, sacan algo vital para el desarrollo de cualquier sociedad, la inversión y las mentes brillantes, por eso no debemos permitir que el miedo escale. Es que basta dar un vistazo a la manera en la que viven los pueblos de este mundo para saber cuáles políticas funcionan y cuales no, estamos a tiempo de evitar una estampida de talento, y de recursos, sin los que el atraso social sería mucho más grave.
Esos que han sembrado odios políticos desde la educación y desde los estrados judiciales no han cumplido con su deber ser, cultivar la ecuanimidad y la bondad como camino hacia la plenitud. Todos podemos elegir apartarnos del desgaste, basta tomar un poco de distancia y aire, les garantizo que cuándo retomen volverán recargados y con ganas de devorarse al mundo, su mundo.



