Según lo expresado por Weber, las relaciones entre ciencia y política siempre han sido motivo de preocupación y análisis. Históricamente, por ejemplo, se dice que Sócrates opinaba que los filósofos deberían ser los gobernantes. No se debe olvidar que Sócrates fue ejecutado porque se concluyó que sus teorías eran desestabilizadoras del orden cívico.
En sentido práctico para hacer ciencia se necesitan recursos económicos y para lograrlos debe haber previamente una política que determine el área, los temas, las investigaciones y los montos que se deciden aprobar. Igualmente, cae dentro del campo de la planeación política quienes serán los receptores de los resultados y el uso que se les debe dar. Sin olvidar que la ciencia de hoy posee connotaciones globales lo local es de suma importancia. No obstante, está de por medio la globalidad, ésta influye, sin duda alguna, en el destino nacional de las investigaciones, porque al existir intereses universales los tratados y asuntos políticos adquieren gran importancia y son determinantes.
¿Existe compatibilidad entre ciencia y política? Es un asunto a analizar, porque a pesar que vivimos en un mundo de grandes avances científicos y tecnológicos para muchos políticos esto es desconocido. Adicionalmente, cabe preguntarse: ¿En el mundo cuántos políticos poseen formación científica? y ¿Cuántos científicos tienen formación política? Lo cual de hecho genera una barrera de entendimiento que de alguna manera atrasa el proceso.
Visto así, surge la inquietud de la planeación oficial de ciencia, tecnología e innovación: ¿Con qué argumentos científicos se aprueba? ¿Quiénes los aprueban y por qué se instituyen? Posiblemente, en muchos casos, se hagan siguiendo una tendencia global y eso no es negativo, pero ¿Qué sucede con los problemas internos a resolver que tienen connotaciones particulares?
Indudablemente se necesita una relación estrecha entre ciencia y política, de ese mutualismo se espera que se tengan los elementos de decisión que permitan adelantarnos a la búsqueda de soluciones a los problemas de alto impacto. Las consecuencias de la dicotomía entre ciencia y política están demostradas, ejemplos de ello, que hubieran podido mitigarse o resolverse anticipadamente, son: pérdida de biodiversidad y cambio climático. La ciencia es necesaria para encontrar soluciones a los grandes problemas del desarrollo y sus retos, pero debe estar acompañada de una política participativa y adecuada.
Pretender que los científicos son ajenos a la política es un gravísimo error, verlos estereotipadamente como seres que habitan en laboratorios sin contacto con el mundo exterior, como anacoretas de la investigación, es una falsa visión de su papel y su importancia social. La ciencia cambia conceptos, redefine criterios, incluso los éticos y morales, por lo tanto, es en esencia fundamento de la política.
Ver a los políticos como enemigos de la ciencia, tal vez sea consecuencia de la histórica separación que existe entre estos dos grupos, pero no puede ser una afirmación contundente; hay cambios, muchos políticos sienten, manifiestan, apoyan y también ayudan a construir ciencia, tecnología e innovación.
La trilogía Estado, Ciencia y Política es necesaria. Deben trabajar en conjunto y retroalimentarse para el bien de la sociedad. Esta trilogía debe estar mediada por puntos comunes y debe prevalecer el buen desempeño como fundamento de garantía social.



