Siempre que mi padre se tomaba sus tragos, en los días del mes de mayo, era seguro que volveríamos A oír la historia de la Virgen de Fátima, de su aparición y, en especial, sobre las revelaciones escritas por la pastorcita portuguesa, Lucía.
Me preparaba para escuchar sobre “La caída de Rusia”, que era su tema preferido; luego, acerca de las hambrunas y pestes que acaecerían a los humanos. y como buen antioqueño, sobre el destino de sus últimos días, revelados en la cartica que entregó la pastorcita Lucía al Papa.
Mi padre nació el viernes 13 de mayo de 1938, si a este año le restas el año de aparición de la Virgen: 1938- l917 … voilà, nos da 21 años. Un aparte, se que se recomienda escribir los números en letras, pero para entender, escribiré sólo números.
El alcohol, después de varias copas, logra que la lengua se independice del cerebro, pero mi padre iniciaba estas charlas con los primeros tragos. Nos afirmaba que estaba revelado en los secretos de Fátima que aquellos nacidos 21 años después, número cabalístico en los juegos de cartas, a propósito el día fue viernes… se tenían que preparar para vivir a sabiendas de que no pasaría del año 2000.
Era sagrado, cada mes de mayo, repicar sobre la misma historia y en los Viernes Santos, las pocas veces que vi a mi padre jugar cartas y dados, en compañía de mi tío Isaías, su hermano, apostar en esos juegos. Sacaban un paño de seda rojo y sobre esa tela tiraban los dados o las cartas.
Explicaban que el paño rojo era la túnica de Jesucristo, arrebatada por los romanos al colgarlo en la cruz y sobre el cual lanzaron dados y cartas para ver quién se quedaba con la prenda.
La vida es eso, me decía, el paño rojo es la vida, no es nuestra; en cualquier momento su dueño pedirá que se la devuelvan– juegas hasta un máximo de 21; allí sólo se puede jugar a completar veintiuno; 21 es el tiempo de morir, es el fin y el principio.
-Pà, y ¿qué tiene el número 21 que no tenga, por ejemplo, el número 10?
Nadie juega, me respondía, a llegar a 10. No se trata de calificaciones como en la escuela, la universidad o el fútbol. Ni Dios califica cuánto sacaste en tu vida. Eso son cuentos de curas. 21 es el único número en los juegos de azar, que indica: inicio y final.
-Pà, tu y tus cuentos, ¿De dónde sacas eso del 21?
Toma el 21, el cual está formado por 2 y 1. Ahora, suma 2 y 1, da 3, bien; ahora, toma el 2, el 1 y suma 3
-Da 6
Vas bien, continuaba con algo de burla; ahora suma desde el inicio: 2136…¿qué te da?
-12
¡Exacto! El espejo del 21.
Donde era el 2 pasa a ser el 1; donde el 1, es ahora 2.
Nadie juega al 22 o al 45, con un tono más serio me lo decía; el 21 representa, atrás y adelante, pues él mismo número , al ir creciendo, sumándose entre los números que lo componen, se regresa al 12. Es como un viejo que se vuelve niño, como la vida y la muerte. ¿Cuál es el espejo de la vida? ….
Mira nuevamente, me lo escribía en un papel.
- -21=3. Ahora 2+1+3=6. Y
- 2+1+3+6=12
- 3. 6, 12
La vida es éso, no inicia por el principio; pues sólo descubres éso de adulto, muy pocos de niños. Haz de cuenta que eres el 21 y te ves en un espejo.
-Pues, veo el 12.
-Exacto
No significa, proseguía, el final de nada; es otra forma de mirar. Los pesimista dicen que nacer es ir restando en la vida; el 21 representa la vida, es crecer, sin restar; al final, vuelves a iniciar: 12…
Y, sean las cartas, sean los dados o la vida, pues la condena es ésa: nadie puede pasar del número 21. “Prepárense que yo no pasaré del año 2000”.
Siempre he pensado que ésa es la explicación matemática del mito de Sísifo.
El 13 de mayo del 2000 salí temprano de mi turno en el hospital, fui a comprarle un regalo de cumpleaños a mi viejo. Compré un disco de Julio Jaramillo, una edición especial; la carátula era una foto del cantante ecuatoriano, de medio lado y en posición de estar a punto de retirar el cigarrillo de los labios al aprisionarlo entre el dedo del corazón y el índice de la mano derecha.
En la sala de casa le entregué mi regalo; le encantó, fue al tocadiscos y lo dejó rodar. Trajo una botella de whisky escocés de 24 años y comenzamos a departir. No dijo nada sobre ese 13 de mayo, su último aniversario. Yo no me atrevía a preguntarle sobre los vaticinios de la Virgen de Fátima. Tarareó las canciones de Julio Jaramillo, después pasó a su infaltable Carlos Gardel, repitió dos veces el tango Volver, y acompañó a Gardel en el verso: … “sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada…”
No me acuerdo exactamente de qué hablamos. Lo que recuerdo era lo del 13 de mayo del 2000 que pasaba por mis pensamientos como una neblina suave mientras veía a mi padre disfrutar de su trago de whisky. Eso son cuentos de paisas, me dije…



