Acaba de pasar el mes del orgullo, aunque considerándolo bien, el orgullo debería ser un tema de todos los días, basta ya de consideraciones, todos tenemos el derecho natural de ser como queremos ser, nadie debería imponer límites en lo que la naturaleza, así suene redundante, ha demostrado que no existen límites. No me refiero a la trivialización de la sexualidad, por el contrario, me refiero a la conciencia, a esa manera sobre como percibimos el mundo, que debe ser respetada y nunca, burlada, desestimada, y mucho menos menospreciada, porque, aunque muchos crean que la diferencia hace daño, es por ella que estamos aquí, y no lo digo por lo repetitivo del acto de la reproducción, porque ese lo tenemos garantizado, lo digo porque el tedio sería fatal si nos metemos todos en el mismo frasco.
He terminado de la ver la historia de Cristina, “La Veneno” en HBOMAX, se las recomiendo a todos los que quieran ser padres, la tarea va más allá de creer que nuestros hijos serán como nosotros. Si nos miramos al espejo con honestidad sabemos que a nadie le han enseñado a ser padre o madre, y que ningún manual funciona, pero somos otra generación, y no podemos seguir permitiendo que ningún ser humano tenga que verse sometido a tanta miseria, a tanta mezquindad, a tanto miedo, por el contrario, nosotros tenemos los medios, tenemos la llave para transformar arraigos que lo único que han permitido es la tragedia como constante en algunas vidas, que bien podrían haber sido plenas. Si nuestros anteriores hubiesen tenido la información y las herramientas emocionales que tenemos hoy, en este punto el final de la historia de muchas vidas sería de realización y no de tragedia.
Es que esta serie nos muestra de manera clara como una transexual con apoyo familiar logra sus sueños, y como otra sin apoyo, vive condenada a una suerte que nadie merece. No quiero contarles mucho, porque si les hago spoiler acabaría con la sorpresa. Pero les dejo esta reflexión que está al final de uno de los capítulos, y nos toca a todos los seres humanos: Porque no todas venimos del mismo sitio, pero vengamos de dónde vengamos, de alguna manera todas somos la misma… En algún momento de nuestras vidas hemos vivido las mismas luchas, las mismas injusticias, las mismas operaciones, los mismos dolores, los mismos sueños…
No puede ser que sigamos hablando de nuestra sexualidad como algo reproductivo, el mundo cambio, y el miedo impuesto por el closet se ha convertido en una caja oscura que además de frustraciones, nos ha dejado millones de muertos, desplazados, títeres del destino, vidas al azar, y nos quedaríamos con una lista eterna de lo que nos ha dejado. Basta ya de que cualquier ser humano se sienta incomprendido porque es diferente, todos lo somos de alguna manera, lo que deberíamos es empezar a sentirnos orgullosos de quienes evolucionan, esos que viven su vida y ayudan a los demás a alcanzar sus sueños y su plenitud. Al final tendríamos menos seres humanos destruidos, y en cambio, poblaríamos al mundo de ilusión.
Que la libertad no sea un puerto, que la vida sea libre, esa debería ser la meta, no hablo de libertinaje, porque ese no conoce de valores, pero ser lo que queremos ser desde el equilibrio con apoyo, marcará la diferencia de las generaciones futuras y su plenitud, que nuestros miedos no sigan siendo la cuna de infiernos personales, esos son los infiernos que deberían realmente preocuparnos.



