Existe en la poseía el poder transformador de la palabra y esa es su función social. Las notas del poeta sonarán acorde con la realidad que en su momento viva. No puede extraerse del contexto social a la palabra, puede adaptarse para enseñar su valor y para exponer una idea, una posición, un legado. En ella caben con acierto las virtudes y pecados, las ambivalencias del amor y el desamor, éxtasis de paisajes y percepciones del entorno, y en todas las ocasiones la idea política.
Mario Benedetti (1920-2009), escritor uruguayo de la Generación del 45, de prolífica producción literaria, con más de 80 títulos publicados y traducidos a más de 20 idiomas, trabajó en novela, cuento y poseía. Su obra se ha adaptado a teatro, cine y canciones. En resumen, uno de los grandes de nuestra América hispana. Sus letras se caracterizan por el lenguaje de las cosas simples, la libertad formal del verso y el discurso directo y coloquial.
Con la respectiva reserva, creo que en la Universidad latinoamericana de los años 70 y 80, leer e interpretar a Benedetti, era parte del mundo que en aquel entonces se vivía, un mundo convulso y luchador, que abogaba por cambios sociales y en donde se iniciaba una activa participación de la mujer en los centros académicos y políticos. Era evidente que sus obras tenían tanta atención porque mostraban la preocupación intelectual y de responsabilidad social del mundo testimonial. Por razones de gusto personal, relaciono para el caso, solo dos poemas:
<<no olvides que tu rostro/ me mira como pueblo/ sonríe y rabia y canta/ como pueblo/ y eso te da una lumbre/ inapagable/ ahora no tengo dudas/ vas a llegar distinta y con señales/ con nuevas/ con hondura/ con franqueza>> (Fragmento de Bienvenida – 1973). A primera vista una poema de amor, desde lo íntimo una referencia al exilio y al desexilio, última palabra ésta, que fue acuñada por Benedetti. En este escrito se tiene una imagen política y social con alto peso cultural.
Al mirar estos versos del poema Te quiero (1974): Tus manos son mi caricia/ mis acordes cotidianos/ te quiero porque tus manos/ trabajan por la justicia// si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos. El amor, la lucha política y los anhelos de justicia igualitaria se ven en este maravilloso escrito. Universal de contenido, no tiene fronteras y puede ser aplicable en toda época. Es decir, uno de los clásicos.
Las cosas han cambiado, para bien o para mal… Nadie lo sabe, ni lo puede afirmar, el tiempo nos los dirá. Los jóvenes de hoy menos amantes de la lectura buscan su identidad comunicativa en imágenes y mensajes cortos, asunto que la tecnología ofrece con mucha amplitud y que con gran velocidad se propagan… Es su mundo, sin duda, un mundo de cambios tecnológicos acelerados. Pero, no se debe dejar de lado que el gran universo tecnológico no ha deshechado lo “antiguo” porque en él pueden hallarse las obras mencionadas y muchísimas más, quizá hoy más que nunca pueden encontrarse disponibles, gratis, a la espera de quien quiera leerlas.
Que decir sin que la añoranza nos fuerce al recuerdo de aquellas clases, aquellas que sin importar fueran de Matemáticas o Biología, Química o Física, aquellas en que el docente hacía una pare y soltaba algún verso con entonación llamativa que invitaba a la lectura del texto. Era una época en que las letras estaban presentes en todos los actos de la vida y la vida se entendía desde las letras.
Asumo las consecuencias al decir, que ella, la poseía, no por corta es limitante, antes que nada, ese es su mejor atributo, porque deja volar la mente al mando de la imaginación constructiva. Digo, además, que debería volver a estar presente – con la fuerza de antaño – en los escenarios académicos, sin importar que tan complicado sean los temas que hoy en cada caso se debatan.
La poseía más que cualquier otro género de la literatura permite <<Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro>> (Isabel Allende).



