El 18 y 19 de Agosto, junto a mi amada madre, hermana, cuñado, ahijado y su novia, iniciamos nuestra peregrinación al corazón de nuestro amado Portugal, el Santuario de la Virgen de Fátima. Este hermoso lugar de paz es considerado el altar del mundo por su mensaje universal y unir personas de todas razas y pueblos del mundo entero.

Nadie imaginaba que el 13 de mayo de 1917 desde el cielo llegara la vista de la Virgen María a tres humildes niños pastorcitos con un mensaje universal tan actual y tan urgente en los tiempos en que vivimos. Ayer como hoy, la Virgen como mensajera de Cristo pidió a los pastorcitos Santa Jacinta, San Francisco y Lucia, y hoy a nosotros nos pide:
- Que rezemos el rosario hasta que logremos la paz y el fin de las guerras.
- Que transmitamos que su inmaculado Corazón es el refugio y el camino que conduce a Dios.
- Que, reparemos el Corazón de María ultrajado por los pecados de la humanidad, reparamos a la humanidad misma.
- Que ofrezcamos sacrificios por los pecadores, por los blasfemos, por los que persiguen la fe. “Rezad, reparad el corazón de María y de Jesús”.
- Que nunca dejemos de rezar por los pecadores que hacen el mal y atentan contra la fe.
- Que nunca ofendamos a Dios Nuestro Señor. Que consolemos a quienes son humillados y pidamos la conversión de los que humillan.
- Que recemos el rosario, recibamos la comunión y estemos con ella 15 minutos meditando los misterios del rosario para desagraviar tanto mal.
Poco ha cambiado el mundo desde las revelaciones de Fátima hace más de 100 años. En aquel momento, la revolución en Rusia y la Primera Guerra Mundial llenaron el mensaje de María, pero no todo su contenido estaba en aquellos episodios. Hoy la Virgen nos sigue diciendo que escuchemos su mensaje y lo pongamos en práctica.
Hoy, como antes, las desigualdades que provocaron las guerras y revoluciones están en muchos lugares. Las necesidades de personas refugiadas y necesitadas gritan a su corazón. Las blasfemias y sacrilegios a Jesucristo, al suyo propio y a Dios mismo, no han cesado. Hoy, como antes, la soberbia del hombre y de la mujer negando a Dios y a Cristo y olvidando su Palabra, siguen vigentes. Hoy como antes los sistemas económicos hacen aumentar la pobreza y las desigualdades sociales. Hoy, como antes, Ella pide que convirtamos el corazón y volvamos a Dios.
El ángel en sus tres apariciones les pidió que se introdujeran en el Corazón de Jesús y María y conocieran el dolor que padecen: «Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman». Insistió en que rezaran: «Rezad mucho, sacrificaos, ofreced oraciones, reparar los ultrajes con oraciones, pedid por la conversión de los pecadores». El ángel les anunció que sólo así repararemos sus crímenes y consolaremos a Dios.
Esas peticiones son las que encarnamos hoy en ayuda a la Iglesia necesitada: rezar, adorar, orar, consolar el corazón de Dios. Somos la voz hecha oración de los perseguidos por la fe, de las blasfemias y ultrajes que llenan el Corazón de Jesús y María, somos la oración viva que consuela el Corazón de Dios. Somos el corazón que busca la reconciliación de toda la humanidad fragmentada por el odio, rencor, ideologías contrarias a la palabra de Dios, radicalismos y fundamentalismos políticos y religiosos.
Hoy como en 1917 el Corazón de nuestra Madre sufre con el Corazón roto de Cristo. Y, hoy como ayer, nos dice: “aquí tenéis un camino de reparación y desagravio. Ahora sólo tú puedes responder: conviértete y cree en el Evangelio”.



