Prehispánicamente el pueblo indígena Zenú se asentaba en un territorio que era paso obligado entre el sur y el norte de la Colombia de aquel entonces; se caracterizaban por sus prácticas comerciales con los pueblos indígenas que pasaban por su área y por la que se generaba entre sus tres grandes provincias Finzenú (río Sinú), Panzenú (río San Jorge) y Zenufana (ríos Cauca y Nechí), en el Caribe sur de Colombia.
De los zenúes queda como legado ambiental histórico, su acertado manejo de las planicies de inundación para aprovechamiento sostenible de la riqueza faunística asociadas al agua, de la abundancia íctica y de la fertilidad natural de los suelos, lo que se evidencia en la construcción de extensos sistemas artificiales de riego y control de inundaciones, de los cuales, conocidos como camellones, se reconocen 150.000 hectáreas en el bajo curso del río Sinú y 500.000 hectáreas en la Depresión Momposina.
Hablando de los canales y con el fin de mirar su importancia, es necesario señalar que los canales en cuestión eran edificados bajo distintos modelos, dependiendo de la necesidad de evitar desbordamientos y sedimentación de sus cauces, lo que permitía mantener estable el curso de los ríos; algunos otros servían para cultivos, así mismo, su retención de agua en época de sequía mantenía reservas de peces. Toda una obra de ingeniería al servicio de la supervivencia y al cuidado del medio ambiente.
Otra particularidad notoria de esta gran obra hidráulica, es que, sin duda, es la mayor que se conoce en América, anotando que camellones prehispánicos también existen en Ecuador, Perú y Bolivia; igualmente al interior de Colombia en algunos lugares del Pacifico e incluso en la Sabana de Bogotá.
En resumen, se trataría de un paisaje cultural que entraría como tal en la definición de la UNESCO (1992) y podría ser sujeto de protección como patrimonio mundial dada sus características históricas, valor patrimonial, significancia ambiental y la necesidad de su recuperación que como tal se necesita. Esto se plantea como una opción susceptible de más estudios. En esencia una posibilidad de gran valía que podría ser acometida.
Dice La UNESCO, al referirse al tema… Deberían ser elegidos sobre la base de su valor universal excepcional, su representatividad en términos de región geocultural claramente definida y su capacidad de ilustrar los elementos esenciales y distintivos regionales. En este sentido, el sistema referido, dada su magnitud social, ambiental, cultural y la necesidad que le asiste de ordenamiento, es susceptible de estudiarse para ser propuesta como Patrimonio cultural o patrimonio de la humanidad… ¿Por qué no?
Claro está, que esto implicaría – si de verdad se desea – revisar a fondo su situación social y económica, para así poder acometer esta empresa, la cual posee connotaciones muy delicadas, dada la diversidad general que en ella está implícita, pero, sin duda, podría aportar mucho al equilibrio socioambiental que se requiere.
En la zona en donde otrora habitaban los zenues prehispánicos solo quedan vestigios de la funcionalidad de un sistema hidráulico único, su legado es parte de un paisaje agropecuario exógeno que la transforma y la determina para verla como hoy la conocemos.
Quedan muy pocos de ellos, ningún Zenú en la zona referida, su lengua nativa está desaparecida. Así mismo, se extinguirán los camellones… Esa su magnífica obra y su valor cultural… Aún queda tiempo para organizar natural y productivamente en equilibrio. No se debe olvidar que las inundaciones serán más agobiantes con el paso de los años debido al fuerte impacto ambiental que ocurre dentro y fuera de la Mojana y su área de influencia, y esto hará que a futuro sea más agobiante el trabajo.
Digamos como ya lo hicimos… tenemos serios problemas aguas arriba e inmensos y serios impactos aguas abajo. La cíclica tragedia de la Mojana es una realidad inocultable que cada vez se tornará más fuerte y en donde la soluciones, en toda la extensión de la palabra, serán cada vez más costosas.
Según la leyenda, la Mojana es una mujer que vive bajo el agua en una casa hecha de piedra y es la mujer del Moján, quien es el espíritu de las aguas. Visto así, la región que en alegoría lleva su nombre, es tierra del agua. Sus gentes, por su resistencia, inmortalizados en los textos de Orlando Fals Borda, son también ciudadanos del agua. Razones de más para pensar que la ecorregión de la Mojana podría constituirse en un paisaje cultural Unesco o en patrimonio de la humanidad… ¿Por qué no?



