Bajo el inclemente sol de la sabana sucreña e instalada en un cambuche de los cientos que bordean las orillas de la carretera que de San Marcos comunica a Majagual, Sucre, se encuentra la protagonista de esta historia.
Una humilde campesina que tiene su parcela en las entrañas del Caño de Rabón y que ha vivido como ningún otro las consecuencias de las inundaciones que desde hace tres meses arrasan con la mojana sucreña.
“Mita Mayo”, como la llaman cariñosamente es una matrona de descendencia Zenú quien junto a sus hijos y nietos debió salir con lo que tenía en la mano esa noche de agosto cuando el rio Cauca tocó sus puertas y los obligó a nadar en la manigua con el temor de ser arrastrados por la fuerza de las aguas o mordidos por una serpiente.
Sentada en un tronco de leña nos cuenta que extraña su pedacito de tierra, sus animales y sobre todo “vivir”; con un poco de pena refiere que el hambre los está carcomiendo debido a que los mercados llegan cada vez que San Pedro agacha el dedo y no son suficientes para alimentar a su familia, por lo cual se turnan para comer por lo menos una vez al día y además entre lágrimas y con vergüenza narra que le ha tocado pedir con una olla a los carros que pasan por la vía, todo con el fin de llevar un poco de comida a la boca de su familia. ¡Esta es Colombia!
Soñaba con volver en noviembre a su parcela e iniciar de nuevo como lo ha hecho a causa de la violencia, el abandono y la pobreza en la que viven el 80% de los mojaneros de zona rural, pero esto cada vez está más lejos y las promesas realizadas por el presidente de Colombia Iván Duque son tan reales como las palabras de un político en época de elecciones.
A pulmón ventíao el presidente predijo de una forma ignorante que para el 20 de noviembre las obras de “Cara e gato” estarían terminadas y la población volvería a sus hogares, pero a pocos días de cumplirse esta fecha el nivel del agua sigue subiendo y las bolsas lanzadas para contener la furia del rio son arrastradas a lo largo de la rivera.
Los pobladores son enfáticos en decir que por las experiencias vividas en años anteriores y con crecientes de menor tamaño se debe esperar hasta la época de verano para lograr mitigar el chorro; es decir vamos a continuar ahogados y con el agua al cuello. ¡Válgame Dios!
Los alcaldes cuestionan el avance y la calidad de las obras que parecen realizadas por un practicante de ingeniería, donde sin ningún estudio o base científica se realizan paños de agua tibia que avanzan diez metros y con la fuerza del rio retroceden cincuenta más. ¡Mandan cascara!
En medio de este tira que coje la unidad de riesgo sacó pecho en un comunicado donde informa que el mes de octubre fue cerrado con un porcentaje de avance en esas obras por el orden del 43,17% y que pese a las dificultades climáticas e incremento del nivel del río Cauca estas avanzan de acuerdo al cronograma; esto si es la tapa que le falta al calabazo. ¡mentirosos!
Por otro lado, las ayudas no llegan y la hambruna ataca a la población donde familias como la de “Mita Mayo” no saben cómo resistir los días venideros en medio de la falta de ingresos, la perdida de los cultivos de pancoger, la muerte de los animales de corral y la falta de pasto para el ganado.
En un video compartido en redes sociales Darinel Regino, hacia un clamor desde una de las fincas que se convirtió en ciénaga en el corregimiento Nueva Esperanza, zona rural de Guaranda, Sucre donde las familias claman ayudas y le piden a Colombia que nos los olviden porque después de las noticias del desbordamiento nadie ha vuelto a poner los ojos en la Mojana, es como si este pedazo de tierra fuese un territorio aislado y al resto del país no le importara el dolor mojanero.



