Generación del Cristal se dice que son aquellos jóvenes “delicados”, que están preparados para salir adelante y para el éxito, pero si algo les sale mal se “rompen”. Son criticados también por protestar y quejarse de todo, algunos los tachan de no aguantar. Quizá sea porque sus padres hicieron todo lo posible para que el futuro de sus hijos fuera más sencillo y menos doloroso, haciéndolos más “débiles” al mismo tiempo.
Hoy un joven no aprende a resolver problemas, porque los progenitores les resuelve todo, además la mayoría no saben lo que significa la expresión espíritu de sacrificio, pues todo se les da, aun sin merecérselo.
Es un término que se hizo viral gracias a las plataformas digitales y se refiere a los jóvenes nacidos después del año 2000, quienes según la filósofa Monserrat Nebrera, “pueden llegar a ser más frágiles, inestables o inseguros, pueden llegar a tener poca tolerancia a la crítica, al rechazo y la frustración, en consecuencia de que son criados por personas que vivieron épocas de carencia y han trabajado por darles todo para que no les falte nada como a ellos en su momento”.
A pesar de que a esta generación se le ha culpado de quejarse de todo y de tener una baja tolerancia a la frustración, es también una generación que no se conforma con seguir los parámetros establecidos y que no tiene miedo a hablar ante las injusticias.
Una de las críticas más comunes a esta generación es la sobreprotección con la que muchos han crecido, dado que hubo un cambio en la crianza y educación por parte de los padres, ahora se expresa con más frecuencia y naturalidad el amor que sienten por sus hijos; diferente a la que tuvieron las demás generaciones cuya crianza era mucho más estricta, basada en el orden, la disciplina, la enseñanza de valores y en muchos casos, se daba poca importancia a verbalizar para los hijos las palabras de afecto y de aprobación.
La tecnología y sus avances forman parte de su día a día; todo es efímero y su vida social se desarrolla principalmente en las redes sociales; son «frágiles» porque hay poca autoridad y sobreprotección; fragilidad psicológica y emocional; falta de empatía; poco interés por la «lectura» y la cultura; sin embargo, prevalecen sus habilidades audiovisuales; tienen baja autoestima, por ello necesitan reconocimiento constante; tienen poca tolerancia a la crítica, al rechazo y la frustración; tienen dificultades con la autoridad; mayor sensibilidad a problemas sociales; son capaces de desarrollar una mayor inteligencia emocional; confían en valores como la amistad, la valentía, la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia; gran vacío espiritual.
Las generaciones no se pueden comparar, pues cada época tiene sus características propias. Vivimos en la era de las tecnologías, y ellas sin dudas inciden positiva y negativamente en la vida de nuestras jóvenes.
La falta de control de padres de familia es lo que permite una era de permisividad que en otros tiempos no existía, y esa permisividad lleva a comportamientos en el cual se reivindican derechos pero no se toma conciencia de los deberes. Esta generación tiene tanto de potencialidad como también del peligro de llegar a una sociedad anárquica sin normas, sin valores y sin espiritualidad.



