El abogado y columnista, Horacio Cárcamo Álvarez, criticó fuertemente al alcalde de Cartagena de Indias, William Jorge Dau Chamat; dijo que ante la imposibilidad de brindar solución a los problemas por lo que atraviesa la ciudad y los escándalos de corrupción que rondan su administración, el mandatario resolvió convertirse en bufón, decisión que para el columnista se podría apreciar como un comportamiento loable si él no fuera a la vez el Alcalde.
“Echarse unas risas, según expertos, ayuda a la salud física y psicológica de las personas, pero no es suficiente cuando el hambre y el desempleo castigan con rigor a la población”, señala el abogado en una columna publicada este martes 16 de noviembre en Revista Metro.
En su columna sostiene que para el ciudadano de a pie las cosas en la ciudad van por mal camino y agrega que también se tiene la percepción de que el gobierno parece un barco a la deriva con más posibilidades de naufragar que de llegar a puerto seguro. “El desgobierno ha profundizado aún más las brechas que históricamente han segregado a la comunidad y creado las condiciones para que se reacomoden las fuerzas políticas derrotadas y corresponsables del descalabro de la ciudad. En corrillos es vox pópuli la presencia en el próximo debate de una pinta, como le llaman, que tiene el billete para la campaña de Alcaldía”.
Conceptúa que la ciudad está descuadernada: con hambre, insegura y desesperanzada. “Los excelentes indicadores económicos en los sectores industrial, logístico, portuario y turístico también lo deben ser de vergüenza social o por lo menos de reproche institucional, sobre todo cuando esa riqueza y desarrollo se da en la misma ciudad donde más de la mitad de la población no cuenta con las condiciones mínimas que le permita vivir con dignidad y aguanta física hambre; y donde la letalidad de la Covid-19 es más alta que en el Brasil y el porcentaje de niños muertos por desnutrición y por el virus del dengue se parece al de un país tercermundista”.
El columnista califica al alcalde Dau como Incapaz para gobernar y ante esto sostiene, “solo le queda payasear como cuando se creyó el maquinista y silbato de una máquina con la que se iniciaba la marcha del gobierno, obras que no disimulan la chambonada y la improvisación”.



