El campesinado colombiano, en su conjunto ha luchado históricamente por sus derechos, que han sido vulnerados e incumplidos en forma recurrente. El Estado en su dimensión es muy poco lo que ha logrado para que éste inmenso sector de la cadena de producción tenga los méritos que se merecen por ser el primer eslabón del desarrollo económico del país.
El Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), nos informa que Colombia presenta en su territorio 8 clases de suelos “…que lo hace un país diverso y rico en este recurso, ya que dependiendo de su vocación y capacidad de uso, se pueden realizar actividades tanto productivas como de conservación”.
“Tenemos de todo un poco “como en botica”, 14,2 millones de hectáreas en terrenos para la conservación, regulación del agua, protección de la fauna y recreación sostenible, otras 41,2 millones con fuertes pendientes, erosionados y de poca calidad de la tierra que pueden servir para reforestación y de carácter protector, 29,9 millones, conformada por suelos para actividades forestales, agroforestales o cultivos densos, semiperennes y perennes, 8,4 millones en encharcamientos y pedegrosidad, donde la actividad agropecuaria debe ser temporal, 14,5 millones agrupados en suelos con baja fertilidad y alto contenido de aluminio y por último, 231 mil hectáreas para cultivos transitorios, pastos de alto rendimiento y solo requieren fertilización, encalamiento, riego y drenaje”, afirmó Juan Antonio Nieto Escalante, director general del IGAC
Lo anterior demuestra que Colombia es un país agropecuario por excelencia y el Estado ha debido implementar políticas públicas donde nuestros campesinos cuenten con mejores condiciones para generar el crecimiento del sector y en consecuencia el aumento del nivel de vida de sus entornos. No se explica la razón por la cual el eslogan, “…del campo a la mesa” no exista, por culpa de una cadena de intermediarios, comisionistas, transportadores, contrabandistas y supermercados que perjudican al campesinado y logran un desproporcionado aumento en la cadena alimentaria quedándose con el fruto del trabajo campesino y dejándolos en estado “paupérrimo” cuando el 80% de los que se pone en nuestra mesa, se produce en el campo.
Los agricultores pequeños y medianos “tiemblan” cuando están por recoger sus cosechas, saben que van a perder dinero por la voracidad incontenible de los intermediarios que son los que verdaderamente ponen los precios.
Los campesinos muy pocos organizados caen en las garras de comisionistas rurales, transportadores e inclusive terratenientes, que les ofrecen precios bajos cundo saben que no tienen sitio de almacenamiento, tampoco transporte y las vías para sacar sus productos son tochas y el Estado inerme tampoco les compra sus productos ni les proporciona las herramientas para llevarlos directos a las plazas de mercado, supermercados o consumidor final.
El gobierno lo sabe y el Ministerio de Agricultura así lo da a conocer cuando informa que “…el 70% de los alimentos que se consumen en Colombia –frutas, azúcar, hortalizas, carne bovina, panela, yuca, huevo y pollo, entre otros– son producidos por economías de pequeña escala en unidades agrícolas familiares”.
No contento con el intermediario, se le agrega los requisitos que exigen los supermercados para comprarles a los pocos campesinos organizados, “pagar la retención, acreditar IVA, estar bancarizado y dar un porcentaje de reposición a los almacenes” y todo dentro de lo que ellos llaman clandestinamente “políticas nacionales confidenciales”, mal llamados “Pactos de Acuerdo Comercial”. Esa es una de las tantas partes que el Estado no ha entrado a regular para facilitarles a nuestros campesinos la venta directa y el aumento de sus las ganancias.
Es necesario, para evitar la intermediación, la entrega de alimentos en consignación, el pago de “solo lo que se venda”, los pagos a 40, 60 o 90 días, el porcentaje de pactos de negociación inicial del 20%, las retenciones de ley, las promociones inconsultas, que el Estado desarrolle un eficiente, respetado y confiable modelo de comercialización y distribución de productos agropecuarios, para que el pequeño y mediano campesino no quiebre y permanezca endeudado ya sea con la banca o con los mismos intermediarios-empresarios que les prestan dinero o les compran de antemano su producción sin saber verdaderamente cuales serían los costos de producción y sus ganancias
El DNP y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural tienen la palabra…deben cuanto antes buscar la mejor cadena de comercialización, con emprendimiento empresarial, vías de acceso, construcción de silos para guardar la producción, cuando existen variedad y sencillos modelos ya prefabricados, con sencilla instalación que dinamicen la producción y el consumo. Todavía hay tiempo…



