A la fecha de redacción de esta segunda entrega sobre Renta Básica, la página oficial de la Alcaldía de Bogotá habla de unos 834.000 hogares beneficiados con RB, pero al desagregar la información se le describe como “Transferencia Monetaria”, lo cual es mucho más adecuado, pero menos mercadeable políticamente.
Las políticas redistributivas utilizadas por el Gobierno Nacional y sus similares a nivel local en Colombia son segregadas, es decir, tienen un proceso de selección (De hecho, en Bogotá aparecen más de 2000 hogares rechazados). Esto en materia fiscal se denomina costos de administración.
La labor de recaudar y redistribuir, según las complejidades que exija, puede ser en mayor o menor medida ineficiente, de suerte que, 200 USD trasladados, directamente, por una de las más de 100 empresas que donaron para “Renta Básica” a uno de los más de 800K hogares beneficiados, no son equivalentes a la misma cantidad cuando es distribuida por el Estado, porque los recursos humanos, físicos y de funcionamiento que cuestan la Oficina Recaudadora (voluntaria o coactiva), la Distribuidora, la de vigilancia y control, la de sanción, etc., son obtenidos de misma fuente impositiva y justamente uno de los grandes beneficios de la Renta Básica es que no tiene costos en la elección de beneficiarios por ser “Universal”.
La medida adoptada en Colombia y rebautizada por la Alcaldía de Bogotá, como Renta Universal, no tiene nada que ver con los aspectos teóricos y conceptuales de la RBU, al tiempo que, en lugar de ello, los contradice. Incluso, se habla de subsidios a “arriendos”, es decir, el costo del bien privado de la vivienda, a “mercados”, básicamente alimentos, y otros rubros que no dejan ver otra cosa que una intervención agresiva en la vida económica de los ciudadanos bajo una figura de autoridad central planificadora que define qué aspectos son los básicos en la vida de los ciudadanos, que alimentos deben consumir, y a qué precio.
Es imposible no notar que la página www.rentabasicabogota.gov.co habla de más de 40K giros de 10M de pesos, cada uno, para subvencionar gastos de “arriendo solidario”, en la economía con el salario medio más bajo del mundo en 2020 (fuente: datosmacro.com), por lo que un gasto de ese nivel para satisfacer solo una necesidad no parece para nada progresivo.
En este orden de ideas, nada más antitécnico, distorsionado, populista y oportunista, que llamar Renta Básica a una simple “transferencia monetaria no condicionada” que contiene todas las dificultades de orden fiscal, progresivo, distorsivo e ineficiente, propias de las políticas redistributivas y basadas en el viejo aforismo que el que produce aporte para el que (por motivos que pueden ser o no ajenos a su voluntad) no lo hace. Esto, en el marco del peor salario medio del mundo – insisto –, es un caldo de cultivo y mensaje claro para la sociedad: es mucho más rentable no trabajar que hacerlo.
Esta es la segunda gran crítica a la renta básica y es que, si es universal y unos aportaron para financiarla al tiempo que otros no, “será altamente desigual dar lo mismo a todos; es lo paradójico de un instrumento de política económica diseñado para reducir la desigualdad” (GALLO Juan R., 2015).
Finalmente, la alusión a la falsa libertad de saber que el trabajador tiene una RB al momento de negociar los salarios, aun asumiendo que está financiada con rentas reales y no con emisión (lo que ocurriría en países con déficit fiscal y excedentes monetarios), solo elevará los costos de producción y contraerá la curva de oferta, aumentando los precios, empezando por cuyas unidades se agoten primero (los de primera necesidad), es decir, impactando primero y con mayor fuerza en los más pobres y, por último, los dineros repartidos como RB pronto no serán suficientes para cubrir lo “básico” en lo “universal”; es decir, quedarán rápida y completamente desnaturalizados sus fines.



