Llegamos a Potosí, ubicada en el sur de Bolivia, la ciudad se extiende a las faldas de una muy conocida montaña llamada Cerro Rico y que recibió este nombre dado el enorme tesoro contenido en sus entrañas, literalmente una montaña de riqueza mineral que hizo de esta, la ciudad con la mina de explotación de plata más grande del mundo en los siglos XVI Y XVII.
Nos explicaba el guía que, en la época de La Colonia, la historia de la ciudad fue verdaderamente triste pues la gran mayoría de personas que llegaban eran esclavos, los cuales no sobrevivían por las arduas condiciones del clima, los malos tratos y la muy primitiva forma de explotación. Esta historia de atropello y despojo marcó muy profundamente y de forma muy negativa el escenario espiritual y la infraestructura mental de aquellos quienes lo padecieron, trayendo consecuencias hasta nuestros días.
Habíamos viajado haciendo parte de una organización, que en unión con algunas de carácter local y con otras también extranjeras, estaba colaborando en el diseño y ejecución de un proyecto de transformación espiritual que lograra generar verdaderos cambios en la dinámica social de la ciudad.
Estaba compartiendo con Rolando Justiniano, presidente de la Universidad Iberoamericana de Liderazgo, UNILID de Miami, Fl. quien ha sido mi amigo y mentor por muchos años y mientras caminábamos y manteníamos nuestra charla nos vimos en la necesidad de conseguir un transporte, lo que efectivamente hicimos. Nos subimos en un taxi cuyo conductor era un hombre bastante joven.
Con él estuvimos hablando un poco de la historia de la ciudad y de las razones del porqué estaríamos allí algunos días. De pronto, de esa conversación miscelánea surgió de manera espontánea una pregunta que para mí tiene que ver con algo realmente serio, mi amigo preguntó al taxista acerca de sus sueños y para asombro nuestro, su respuesta fue tan triste como la historia que ha acompañado a esta ciudad por tantos años. Sencillamente dijo: “Yo no tengo sueños”, una respuesta que jamás debería estar en un corazón joven y rebosante de vida.
Nos quedamos unos instantes en silencio, pero lo que pudo ser solo un evento desafortunado, dio paso a una hermosa lección de liderazgo práctico cuando Rolando le solicitó a este joven, si le permitiese soñar por él, “por supuesto” contestó y a partir de allí, mi buen amigo comenzó a mostrarle atractivas fotografías del futuro. Los nuevos escenarios en los que podría estar y no solo él, también con su familia si procuraba continuar sus estudios, terminar una carrera, adquirir un taxi propio, etc.
Al igual que el Cerro Rico de Potosí, las circunstancias en las que han transcurrido nuestras vidas han podido ser grandemente desafortunadas, también hemos podido haber sido saqueados de múltiples maneras, tal vez haya sido en el plano espiritual, en lo emocional o incluso en lo material. Y a consecuencia de esto, creer que ya no tenemos nada, que ya se agotaron todos nuestros recursos y que no tenemos cómo luchar, que no vale la pena seguir o que es tonto volver a tener una ilusión.
Pero con todo y que las cosas hayan podido ser así, debemos resistir la mentira que nos impide ver que cada uno de nosotros aún posee un enorme banco de recursos y posibilidades que permanecen como tesoros escondidos dentro de nuestro ser y que están esperando ser extraídos para enriquecer nuestras vidas y la de muchos otros.
La capacidad de soñar es un tesoro que no tiene por qué agotarse. No es solo patrimonio de adolescentes ingenuos o idealistas que por su corta edad no han bebido las copas amargas que muchas veces nos deja el transitar por este mundo, aquellas experiencias que solo nos han dejado secuelas de frustración y desesperanza.
Poder soñar es una capacidad especial con que nos ha dotado nuestro Creador. Atrevernos a soñar debe ser nuestro grito que le dice al mundo, que aún estamos vivos.
Y si asumimos nuestro compromiso con dejar un legado, viviendo con significado y con trascendencia, no nos conformaremos solo con hacer posible nuestros propios anhelos, sino que además ayudaremos para que otros despierten y persigan lo que Dios ha colocado de forma singular en lo más íntimo de cada ser: un inagotable Potosí de Sueños”.



