La época de Navidad es para la mayoría sinónimo de alegría, encuentro, familia, perdón, reconciliación, bondad y se reviven valores como la unión, la paz y la solidaridad.
Surge en muchas personas el llamado espíritu de la navidad que despierta un deseo colectivo de brindar expresiones de amor a los más necesitados, esos que tal vez no vemos durante el resto del año.
En esta época, contemplamos personas por doquier que reparten regalos en los semáforos, los ancianatos, los orfanatos, las parroquias… Es un encuentro positivo porque ellos reciben lo que no obtienen durante el resto del año y de paso, permitimos que descanse un poco nuestra alma.
Día a día, cientos de niños, jóvenes, adultos y ancianos viven en soledad, tristeza y abandono rodeados de escasez económica y de amor. Pasan los días sin encontrar un sentido de pertenencia, ni la seguridad de saberse queridos con la bondadosa atención de corazones y manos que les expresen un cariño sincero que no tiene que ver con la formalidad del deber sino con el sentir que tienes un lugar especial en el corazón y la vida de alguien.
Estos sentimientos negativos se reviven en Navidad y representan una de las principales causas por las cuales aumentan hasta en un 40% los índices de suicidio al finalizar el año. La explicación la da el psicólogo clínico y psicoterapeuta Germán Estrada cuando dice: “diciembre constituye para muchas personas una señal de alarma que se asocia con sufrimiento debido a experiencias tempranas en las que han tenido que vivir la soledad, el maltrato, el abuso y la navidad no era sinónimo de alegría o reconciliación porque formaban parte de familias disfuncional o tóxicas con tremendas carencias afectivas y materiales”.
Para muchos niños la Navidad era como cualquier otro día del año con: violencia y pobreza… mientras veían que otros niños sí disfrutaban. Por esta razón, de adultos se refugian en cosas superficiales como compras compulsivas o adicciones. Así tratan de curar esas heridas afectivas y de soledad que no fueron suplidas en ese momento”.
La soledad, nueva pandemia
La soledad es considerada la nueva epidemia social que afecta a cerca de nueve millones de británicos.
Japón también se suma a estas cifras de soledad que invitan a una profunda reflexión porque el 14% de las personas que vivían solas y fallecieron durante la pandemia, fueron halladas entre uno y tres meses después de su muerte. En el 2020 hubo 21.919 suicidios, de los cuales 479 eran escolares y 6.976, mujeres.
Otro factor que influye en la soledad de los japoneses es la decisión de los jóvenes de no tener hijos. Es verdad que hubo un descenso en la natalidad, masificación en las ciudades, pero aumentaron los índices de soledad.
¿Qué podemos hacer?
En esta época llena de sentimientos positivos, villancicos, novenas, natillas, buñuelos y cartas al Niño Dios ¿Qué tal si apadrinamos a una persona que viva en abandono, soledad, y tristeza por los tiempos difíciles que ha pasado? Dejemos la vorágine mercantilista y permitamos que la magia del amor inunde nuestros corazones para que la luz de la compañía pueda luminar una vida, recuperarla y darle sentido a su existencia y al verdadero espíritu que debe reinar en Navidad.



