El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) es mucho más que un documento que establece el uso del suelo en la ciudad de Bogotá, este también es una hoja de ruta sobre la convivencia de todos los sectores sociales y productivos en la ciudad.
Cabe empezar resaltando que un POT perfecto es imposible, y que tener a toda la ciudadanía de Bogotá feliz con este documento también lo es, pero eso es muy distinto a tener a la mayoría de la ciudadanía en contra y abiertamente infeliz. Esto sucede por un POT formulado a la carrera, mal hecho y también por los pocos espacios de participación incidente que tuvo la ciudadanía para mejorarlo. Más que adelantar un proceso juicioso de organizar a la ciudad, la formulación del POT por parte de la Alcaldesa Claudia López parecía una carrera contra reloj, en la que lastimosamente nadie salía victorioso.
Después de que la Alcaldesa radicara su versión de POT en el Concejo de Bogotá, y que este tuviera más de 90 días para debatirlo, aprobarlo o tumbarlo, entre denuncias por parte de la Alcaldía amordazando Concejales, y también recusaciones de dudosa procedencia de varios ciudadanos, se aplazó tanto el debate que se cumplieron los días hábiles del Concejo según reglamento y la Alcaldesa lo puede pasar legalmente por Decreto.
Acá no se plantea un debate legal sobre si puede o no pasar el POT como un Decreto, pero si se quiere abrir el debate moral sobre si debiese hacerlo o no. En primer lugar, las palabras de la Alcaldesa juegan en su contra, ya que ella hizo campaña a la alcaldía criticando a Peñalosa y la posibilidad de que pasara el POT por Decreto, por lo cual le quedaría muy mal políticamente contradecirse.
En segundo lugar, porque abriría la puerta de pandora de una ciudadanía participativa y enfurecida con un POT mal formulado, que tiene imagen negativa por la mayoría de los ciudadanos organizados como Juntas de Acción Comunal, gremios, Asociaciones de Vecinos, entre otros, que seguramente serían pie en el zapato para su implementación. Y en tercer y último lugar, porque también le tocaría pasar el presupuesto anual de la ciudad por Decreto, y ya pasar dos Decretos que no fueron debatidos por el Concejo de Bogotá, la harían ver como una Dictadora Distrital que pasa por encima de la ciudadanía y sus representantes.
Si a esta Alcaldía le queda algo de grandeza, debería esperar que pasen las elecciones al Congreso y Presidencia, aprovechar el tiempo para incluir los comentarios de la ciudadanía y volver a radicar un POT en el Concejo pactado con sus sectores sociales.



