Nunca he usado el SITM de Cartagena, no me gusta el servicio, me parece sobre valorado, pero es lo que tenemos. Desplazarse de manera rápida de un extremo a otro de la ciudad no es su función principal, pero es la única que presta y eso, a medias, pues los buses no pasan con la frecuencia ideal.
La señora María Claudia Peña, gerente del Sistema argumenta que el pasajero es el centro de la movilidad y eso es una falacia, porque lo fundamental de Transcaribe debe ser la eficiencia en la prestación del servicio, el cual ha sido totalmente ineficiente.
Llama la atención que la gerente anda haciendo reuniones con líderes comunales que por el talante demostrado hasta ahora parece ser más un proselitismo político que un tema técnico.
¿Hasta cuándo la Junta la sostendrá en ese puesto? ¿O será que los intereses del señor Cepeda primarán más que los de la Ciudad? Las busetas no han sido chatarrizadas en su totalidad y las rutas que se han ido reemplazando no tienen la circulación frecuente necesaria para abarcar a todos los usuarios, es más se han autorizado nuevas rutas, lo que genera serios y evidentes traumas en la movilidad que nos toca sufrir y padecer.
El abuso de quienes viven de la economía informal que en aras de ganar algo de dinero tratan de convertir el Sistema en un mercado móvil, el mal estado de las estaciones, el horario de la circulación a partir de las 6:00 a.m. cuando ya muchas personas tienen una o dos horas de estar en sus sitios de trabajo y el ultimo transporte que es hasta las 10:00 p.m. cuando aún muchos usuarios no han salido de regreso a su casas, estimulan el transporte informal, la inseguridad y una serie de situaciones que conforman el collar de inconsistencias en el servicio, todo esto a causa de una mediocre gerencia tal vez por el afán de obedecer a las necesidades de algún jefe político o tal vez por tratar de complacer a naturales miembros de la Junta.
La toma de medidas tan arbitrarias como la no renovación del contrato con el operador Transcaribe si llega a cumplirse, dejaría al Sistema con un 30% menos de buses operando lo cual desembocaría en un descenso en la capacidad, si hoy con los dos operadores funcionando estamos en semejante crisis de movilidad imaginemos ¿Cómo será con el 30% por fuera?
Tal parece que la señora María Claudia Peña y la Junta de Transcaribe han olvidado los ejercicios matemáticos. ¿Va a permitir la Junta Directiva que la gerencia siga toando decisiones arbitrarias y con evidentes fines políticos sin que nadie se pronuncie? El Sistema y su gerencia se han convertido en la parte más negativa de una relación toxica para la ciudad.



