Reciente estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico-OCDE, reporta en sus estimaciones, que el país crecerá 5,5% en 2022 y 3,1 % para 2023, por delante de Brasil, México, Argentina, Chile y Costa Rica.
Será la segunda economía con mayor crecimiento en América Latina y el Caribe y de hecho seguirá garantizando la generación de empleo productivo, por lo menos el que aún falta después de la destrucción del mercado laboral de 2020 y parte de 2021. Es de resaltar el notable crecimiento que se experimentaría, según la OCDE, para los años referenciados, soportado en el crecimiento del consumo privado, la estabilización del gasto público, la inversión y el control inflacionario.
Es de anotar, que si bien la inflación de precios se ubica en estos momentos en 5.25% y el pronóstico para el país a cierre de año es de 5.32%, como también el Banco de la República subió las tasas de interés 50 puntos básicos, al inicio de la tercera semana de diciembre, ubicándose en el 3%; se puede inferir que los dos primeros trimestres de 2022 serán tormentosos y con fuerte presión macroeconómica.
Ello llevará al encarecimiento de los créditos, breve contracción del flujo monetario y si no se reduce el déficit de la cuenta corriente de la nación, la tasa de cambio seguirá aumentando por encima de los $3.900 pesos colombianos. Frente a esto, el crecimiento de Colombia será progresivo y consistente pero incómodo y con altibajos temporales. Por ello, se espera que el Índice de Confianza al Consumidor como al inversionista, asciendan en promedio por encima del 34%.
En ese sentido, si bien se evidenciará un rápido crecimiento, la inestabilidad y los síntomas de desequilibrios en algunas variables macroeconómicas sustanciales, serán la punzada de dolor permanente durante el próximo año y medio en Colombia.
Ejemplo de ello, el ritmo lento del empleo que ha oscilado entre 14% y 17% en el periodo de postvacunas, la recuperación paulatina del Índice de Confianza al Consumidor (-1.4%), una inflación crítica que ha oscilado entre 4.58% y 5.26% en los últimos meses de 2021, crecimiento progresivo de la pobreza monetaria, 45.2% (cifras de 2020) y que se proyecta a 2021, en 47.8% y una deuda pública para 2020 de 155.378 millones de euros, la cual creció en 4.139 millones desde 2019, representando el 65,38% del PIB de Colombia (fuente: Datosmacro.com). Estos fenómenos generarán inestabilidades sistemáticas de orden estructural que llevarán a la política monetaria, crear medidas de contracción y promover políticas de pago de la deuda, que deberán erogarse cumplidamente y conforme al recaudo tributario.
Anota Datosmacro, según el último informe publicado, “la deuda per cápita en Colombia en 2020, fue de 3.085 euros por habitante, es decir $13.929.392. En 2019 fue de 3.062 euros, incremento de la deuda por habitante de 23 euros ($103.851). frente a ello la OCDE indica también que…»A pesar de este contexto (de crecimiento económico), la inflación en el precio al consumidor ha aumentado y excede el umbral de tolerancia alrededor del 3% del objetivo de inflación». Es decir, que inflación y endeudamiento per cápita creciente infiere un fuerte golpe a la capacidad adquisitiva o poder de compra del consumidor.
Por ello la política monetaria «ha reaccionado al aumento de la inflación con la retirada de estímulos significantes», dice la OCDE, que pronostica que los intereses de cambio subirán al 4 % en 2023, aunque las proyecciones están sujetas a una «incertidumbre sustancial».
Igualmente agrega la OCDE que los ajustes fiscales necesarios, las necesidades de elevar la capacidad adquisitiva y avanzar en el cierre de brechas entre la pandemia, la pobreza en el país, la desigualdad y el mercado de trabajo informal; es requerido «más gasto (público) en protección social, salud y educación».
Finalmente, la OCDE indica en su estudio, que en los dos próximos años el consumo privado y la inversión seguirán siendo los principales motores del crecimiento, incentivados por el apoyo fiscal. Sin embargo, las condiciones fiscales pueden ser menos favorables en dichos años, teniendo presente la cultura al recaudo en el país, los direccionamientos del gasto público vía emergencia sanitaria y el bajo ritmo de vacunación de Colombia, que es inferior al de otros países de la región. Todo ello implicaría para el año 2022 recalentamientos económicos temporales o couyunturales.
En materia de Comercio Exterior, las exportaciones e importaciones serán las que más aporten al Producto Interior Bruto (PIB) en 2022, con el 10,9% y el 10,6%, respectivamente, seguidas del total de la demanda nacional (6,6%), consumo gubernamental (6,2%) y el privado (5,6%). En 2023, se espera que las exportaciones e importaciones sigan impulsando la economía, pero a menor ritmo (6,9 % y 6%, respectivamente), pero la formación bruta de capital fijo aumentará al 6,5% y el gasto gubernamental decrecerá (-1,4%).
De otro lado, el comportamiento de la tasa de cambio, presentará fuerte volatilidad frente a la dinámica dólar vs peso colombiano. El año 2022 experimentará rigurosas fluctuaciones en la cotización de la moneda norteamericana, especialmente por el fenómeno electoral en el período referenciado.
Hay un riesgo de incertidumbre que ocurre en todas las elecciones y hace que tanto empresas como consumidores pongan en pausa sus decisiones de inversión (nuevas fábricas, viajar o comprar vivienda) mientras se define quién será el nuevo inquilino de la Casa de Nariño. Ello mantendrá el dólar cercano a los $3900 pesos colombianos en el largo plazo y de $4.100 pesos en el corto plazo.
En recientes lecturas, realizadas sobre el comportamiento de la divisa, en la Revista Dinero, publicados el 3 de diciembre de 2021, se evidencian distintos análisis de algunos expertos como Munir Jalil, economista jefe de BTG Pactual para la región andina, considera que “el principal problema del país es el déficit de cuenta corriente. “Si al cierre del año se ubica en 6 por ciento del PIB, no solo se ratifica como el más alto del mundo, sino que nos pone en un mapa complicado, porque indica que necesitamos más dólares para cubrir ese hueco”. Aclara que por este motivo la tasa de cambio se moverá en el corto plazo entre $3.930 y $4.100 pesos.
De la misma forma, expertos de Corficolombiana indican, sin embargo, que, gracias a un impulso de las exportaciones, que crecerían 13 por ciento en 2022, el año entrante se podría reducir el déficit de cuenta corriente a 4,4 por ciento del PIB; esto llevaría a que el precio del dólar se mueva, de aquí a junio del año entrante, entre 3.753 pesos, en el escenario más optimista, y 4.060 pesos, en el más pesimista.
Apreciaciones que ratifican lo expresado en nuestras líneas y en lo explicado por la OCDE para los años 2022 y 2023.



